Mirta Yáñez: honradez al escribir

A una promotora incansable, a una defensora de nuestras letras y, sobre todo, de la presencia femenina en la literatura, le fue entregado oficialmente, en la primera jornada de la Feria Internacional del Libro Cuba 2019, el Premio Nacional de Literatura. Mirta Yáñez, en medio de amigos e intelectuales, recibió este reconocimiento, en una jornada en la que estuvieron presentes Alpidio Alonso, Ministro de Cultura de la Isla; Juan Rodríguez Cabrera, Presidente del Instituto Cubano del Libro, entre otras personalidades.

Como expresó el jurado en el acta, la narrativa de Yáñez contribuye a difundir la obra de autoras prácticamente olvidadas o poco conocidas en el panorama de la literatura cubana. Esta es una de las tantas razones por la que resulta más que válido distinguir a esta mujer, quien también se ha desempeñado como guionista para el cine y la televisión.

 

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Momento especial de la tarde fue cuando le entregaron a Yáñez un ramo de rosas blancas enviado por el Historiador de la Ciudad de La Habana, Doctor Eusebio Leal Spengler, compañero suyo en la Academia Cubana de la Lengua.

Nancy Morejón expresó que el jurado distinguió, de forma unánime, a Yáñez por su obra sólida expresada en distintos géneros literarios; por su labor a favor de la literatura femenina, siendo ella uno de sus máximos exponentes; por la repercusión de su obra en el ámbito internacional, y porque su escritura ha enaltecido los valores principales de nuestra sociedad y nuestra cultura.

 

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Nancy Morejón

 

En las palabras de elogio, la también escritora Olga Marta Pérez, calificó la obra de la autora de “Sangra por la herida” de sobrecogedora por su amplitud y calidad estética, y expresó que ella es una de las voces que le dan un giro distinto a la literatura cubana y que conmueve con su escritura.

Asimismo, afirmó que la poesía es para Mirta una necesidad de expresar algo, mientras que el cuento es la posibilidad de escribir sus propias historias para así llenar un vacío. Se refirió a los textos creados para niños y jóvenes, los cuales representaron un punto de giro que dio paso a una novedosa forma de hacer en la literatura cubana.

 

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Olga Marta Pérez

 

“La obra de Mirta Yáñez tiene una trascendencia alcanzada por su profunda cubanidad, por su lenguaje, por el diseño de sus personajes, por el reflejo de la realidad”, sentenció Olga Marta.

“Este Premio me ha redondeado en los afanes de mi vida literaria”, sentenció la premiada, quien se regocijó en compartir el galardón con todos aquellos – familia, amigos, colegas – que le han permitido llegar a este punto, además de dedicárselo a todos los que lo recibieron anteriormente.

 

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Recordó cómo su vocación por las letras nació desde muy temprana edad gracias a la influencia de su familia: un padre periodista y una madre con gran sensibilidad. Paseó, en sus palabras, por sus años infantiles, por su juventud – rebelde y hippie –,  y por su paso por la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana, donde tuvo excelentes profesores y compañeros.

Mención particular para La Habana, esa ciudad mágica que la ha envuelto y que la enamora cada día. A ella, inspiradora de mucho de sus versos e historias, dedicó parte de su emoción por los 500 años ya muy pronto a cumplir.

 

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Ideas compartidas por Yáñez demuestran su devoción por la lengua española, la cual defiende férreamente: “Para escribir en una lengua hay ante todo que dominarla (…) El instrumento del escritor es como el martillo del carpintero: el idioma”.

Frases también para otra de sus grandes pasiones: la literatura. “Ella para mí es ante todo conocimiento; luego, entretenimiento, y más tarde, comunicación. Estos son los tres aspectos fundamentales. A la hora de escribir se debe ser consciente con uno mismo. Una palabra esencial para mí en este acto íntimo es compromiso; la otra, honradez al escribir”, expresó.

Sentencia final de esta autora – y totalmente valedera –: “Hay que escribir como se piensa”.

 

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Mirta Yáñez ha sido calificada como una de las más profundas estudiosas de la literatura latinoamericana del siglo XIX y de la literatura contemporánea cubana, en especial del discurso literario femenino cubano. Ha ejercido por largos años la docencia y la investigación, además de realizar recordadas y destacadas antologías, como “Estatuas de sal. Cuentistas cubanas contemporáneas”, “Álbum de poetisas cubanas”, así como textos de narrativa y crítica literaria como “Habaneras”, “Making a scene” y “El romanticismo hispanoamericano”, entre otros.

Por sus aportes a la nación cubana y al habla peculiar

Tomado de Habana Radio

Por primera vez desde 1995, el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas le fue entregado a un lingüista. El Doctor Sergio Valdés Bernal recibió el galardón en acto oficial celebrado en la Sala Nicolás Guillén de la otrora fortaleza de San Carlos de la Cabaña, al que asistieron Alpidio Alonso, Ministro de Cultura; Juan Rodríguez Cabrera, Presidente del Instituto Cubano del Libro, entre otras personalidades.

Jorge Luis Aneiros en la lectura del acta del jurado mencionó que el mismo, integrado por destacados investigadores de las ciencias sociales y humanísticas, decidió concederlo de forma unánime al destacadísimo lingüista, cuya obra se corresponde de manera muy honrosa con la alta tradición de los estudios filológicos en Cuba; además, por el alto prestigio nacional e internacional alcanzado por su obra, la cual es referente para la investigación y enseñanza de la cultura cubana.

 

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Al también miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua y correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española le fueron dedicadas unas palabras de elogio, leídas por el escritor Virgilio López Lemus, quien mencionó la satisfacción del jurado por el otorgamiento de tan merecido reconocimiento.

 

 

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“Sergio posee una obra que irradia sobre muchas (…) Rebasó con creces los aportes a la nación cubana y al habla peculiar, y se ha ido a ofrecer su sabiduría al idioma en América y los orígenes africanos del vocabulario común. Personas como él no se detienen ni ante los fracasos ni ante los premios; él sabe muy bien que no existe premio mayor que el placer de su trabajo y sus resultados. Todo premio es un acicate, un deseo de dar más de parte de la inteligencia privilegiada de Valdés Bernal”, señaló López Lemus.

 

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La extensa obra investigativa y ensayística de Sergio Valdés Bernal fue resumida durante la ceremonia. Al recibir el galardón que lo acredita como Premio Nacional de ciencias Sociales y Humanísticas 2018, Valdés Bernal expresó que cuando se recibe un premio de este tipo las necesarias palabras formales de agradecimiento se entremezclan con las más sentidas: “Agradezco de todo corazón al prestigioso tribunal que me otorgó este reconocimiento, así como a las instituciones y personas que me propusieron (…) Con ello también se reconoce la importancia que ha logrado la ciencia del lenguaje en nuestro país, así como la labor de todos aquellos que nos dedicamos al estudio y enseñanza de las lenguas, sobre todo la española, soporte idiomático de nuestra cultura, identidad y nación en su modalidad cubana”.

“Mi formación y percepción de la lingüística como una ciencia que analiza y describe el nexo entre el lenguaje y los procesos formativos de las culturas, las identidades y las naciones se deben a mis estudios superiores de filología eslava en la Universidad Carolina de Prada, República Checa, donde tuve la inmensa fortuna de tener como profesores a destacadas figuras del famoso circulo lingüístico de Prada”, recordó el lingüista.

 

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También, evocó su paso por el Instituto de Literatura y Lingüística, donde durante décadas se dedicó al estudio de los componentes étnicos que convergieron en Cuba y sus aportes a la formación de la modalidad cubana de la lengua española, uno de los factores más importantes en el surgimiento y consolidación de nuestro pueblo.

Valdés Bernal aseguró que la obra de Don Fernando Ortiz, así como su entrega a la defensa de lo mejor de nuestro país ha sido un gran estímulo en su labor investigativa y docente como modelo de ser humano por su ética y compromiso con su país.

Sergio Valdés Bernal es también miembro honorífico de la Cátedra de Antropología Cultural “Don Fernando Ortiz” de la Universidad de Camagüey, el Premio Félix Varela de la Sociedad Económica de Amigos del País, así como la Distinción por la Cultura Nacional.

Premio Nacional de Literatura 2018

La filóloga, profesora y escritora cubana Mirta Yáñez recibió el Premio Nacional de Literatura 2018 en reconocimiento a su labor como una de las investigadoras del discurso femenino en la literatura del país.

La narrativa de Yáñez contribuye a difundir la obra de autoras prácticamente olvidadas o poco conocidas en el panorama de la literatura cubana, indicó el jurado encargado de otorgar la distinción.

Nacida en La Habana en 1947, la investigadora se doctoró en Filología en 1992 y pasó especialidades en literatura latinoamericana y cubana, así como en estudios sobre el discurso literario femenino cubano.

La escritora ostenta el premio de poesía del Concurso 13 de Marzo, obtenido en 1970 por Las visitas, al que se suman otros reconocimientos.

Es considerada una de las más relevantes intelectuales de su generación debido a su labor también como guionista para el cine y la televisión.

Estudios cursados y trayectoria laboral

Después de graduarse de bachiller en el Instituto Preuniversitario Especial Raúl Cepero Bonilla —considerado entonces como centro para adolescentes de alto rendimiento— ingresó en 1965 en la Universidad de La Habana, donde terminó cinco años después la carrera de Letras.

Doctorada en Filología (1991) por la citada universidad.

Ejerció por largos años la docencia y la investigación. En distintas épocas ha desempeñado tareas en el Departamento de Actividades Culturales de la Dirección de Extensión Universitaria, ha sido lectora e investigadora visitante del Centre des Recherches Latino-Américaines de la Université de Poitiers y la organización del Ateneo de la Crítica.

También formó parte del Consejo de Dirección del Centro Wifredo Lam donde encabezó el equipo que confeccionó el Catálogo de la “II Bienal de La Habana”.

Trabajó como guionista para el cine y la televisión y perteneció al Taller de Guiones del ICAIC. Formó parte del consejo asesor de la Editorial Gente Nueva e integró el Comité de redacción de la revista En julio como en enero.

Entre otras gestiones, fue miembro de la Brigada Hermanos Saíz de escritores y artistas jóvenes; consultante literario de la Editorial Letras Cubanas; ha realizado numerosas versiones literarias de traducciones de textos para niños; ha sido tribunal en la II y IV Conferencia Científica del Instituto Superior de Arte y del Seminario Juvenil Martiano en 1975; además ha sido jurado en los eventos de talleres provinciales y nacionales de literatura. Ha prologado y editado decenas de publicaciones relacionadas con la literatura. Como articulista cuenta también con una larga trayectoria, colaborando con diversas publicaciones, tanto cubanas como extranjeras.

Es una estudiosa de la literatura latinoamericana del siglo XIX y de la literatura contemporánea cubana, en especial del discurso literario femenino cubano. Se ha desempeñado como profesora en la Universidad de La Habana, donde ha sido investigadora destacada del Departamento de Literaturas Hispánicas.

Ha realizado antologías, prólogos y otros textos de crítica literaria, entre ellas Estatuas de sal. Cuentistas cubanas contemporáneas, La Habana, 1996, Álbum de poetisas cubanas, La Habana, 1997, Cubana (narrativa), Boston, 1998 y Habaneras, España, 2000, Making a scene (narrativa), Londres, 2004 y la antología El romanticismo hispanoamericano, La Habana, 2012.

Premios literarios:

  • 1970 Premio de Poesía del Concurso 13 de Marzo por Las visitas
  • 1977 Premio de Narrativa del concurso La Edad de Oro
  • 1988 Premio de la Crítica por la colección de cuentos El diablo son las cosas
  • 1990 Premio de la Crítica por por el ensayo La narrativa del romanticismo en Latinoamérica
  • 1999 Premio Memoria otorgado por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau
  • 2001 Forderpreis der Iniciative LiBeraturpreis, Frankfurt, Alemania
  • 2005 Premio de la Crítica por Falsos Documentos (cuentos)
  • 2010 Premio de la Crítica por la novela Sangra por la herida
  • 2012 Premio de la Academia Cubana de la Lengua por Sangra por la herida

Palabras para Carilda Oliver Labra

De noche. Noche espléndida.

Estábamos en la terraza de un café, bajo el cielo de Matanzas. Había música. Sobre un estrado, una pequeña orquesta tocaba. Escritores extranjeros y algunos cubanos visitábamos la ciudad. Algunos bailaban, otros sentados conversaban, tomando un ron o un daiquiry. Soplaba el aire de fines de febrero. Yo no la conocía, nunca antes en persona la vi. Vestida con traje oscuro, esa noche la veía bailar.

Pese a tanto tiempo transcurrido, lo recuerdo. Como si la viera de nuevo moverse con gracia, echar la rubia cabeza hacia atrás, bailando en brazos del escritor Jaime Sarusky. El recuerdo voluntariamente agrega el verde de sus ojos. Tenía ya publicados dos o tres libros, que le dieron cierto renombre popular. Apenas la había leído. Conocía poco de sus poemas. Más de sus aventuras eróticas, aventuras y rumores. Bastaba pronunciar su nombre, musical y raro, Carilda Oliver Labra, para que la gente, exaltada, repitiera leyendas, inventara erotismos o dijera a medias alguna verdad.

Terminó de sonar aquel bolero, deteniéndose se separaron y se soltaron las manos. Fue un minuto oportuno. Me levanté de un salto de mi puesto de observación y avancé con rapidez. “Jaime, preséntame”. La veo mirarme, sonreír, tenderme la mano. Regresó la música y la invité a bailar un lento bolero que hablaba de un amor fatal.

Así empezó nuestra amistad, que duraría hasta su muerte. A los dos nos gustaba la noche. Éramos un par de noctámbulos en una ocasión propicia. Después, cuando comencé a leerla, encontré en su escritura la mención de la noche una y otra vez, de una noche enemiga, de una noche amistosa, la propicia y la atormentadora. Durante aquella que nos había propiciado encontrarnos, nos sentamos a conversar. Esta conversación no terminó, ninguna, a partir de su aparición, terminaría: quedaban pendientes, en el aire, en espera de reanudarse. Algo nos faltaba, un episodio de nuestras vidas por contar, un autor que citar, un poema que decirnos.

Regresé a La Habana y volví a Matanzas, múltiples veces volví. Iba en auto de alquiler colectivo. Ella fue a La Habana numerosas veces, del mismo modo o en guagua o como invitada oficial a un acto de cultura. Durante aquel primer encuentro nos dijimos donde vivíamos, el nombre de la calle, el número de la casa, lo distante que estaríamos a partir de esa noche inesperada, ella en una ciudad y yo en otra. Pero algo sirvió para comunicarnos, para oír de nuevo nuestras voces, la de Carilda matizada de entonaciones, salidas humorísticas o tristes. Ese algo fue el número de nuestros teléfonos.

No podría decir cuántas veces nos citamos por teléfono. Cuántas veces, siempre de noche, estuve en su casa. Cuántas caminé la Calzada de Tirry o un auto me llevó al número 81. Cuántas toqué en su puerta.

Como es costumbre, la primera vez que llegué, la casa o más bien la antigua mansión de los Oliver Labra, construcción de fines del 19, me sorprendió. Gran puerta claveteada, de doble hoja, grandes ventanas enrejadas, tres o tal vez cuatro, integraban la extensa fachada, de alto puntal.

Ella abrió una puerta pequeña, empotrada en la grande. Anduvimos por el zaguán, al que daba primero la sala, siempre y completamente cerrada, desde la partida y la muerte de sus padres, y terminaba después en la saleta, el lugar donde le gustaba a Carilda Oliver recibir sus visitas.

Su colección de gatos la acompañaba escondiéndose del desconocido, la primera vez tras los muebles, y luego, dejándose ver un poco, cuidadosos, asomando la cabeza de ojos pendencieros, y más tarde, tras la continuidad de mis visitas, saliendo con el ama a saludar al visitante.

Se subían a los sillones vacíos de la saleta, dormitaban o parecían escucharnos. Con las horas supe sus nombres, enfermedades, sus gustos, por qué le faltaba a uno un pedazo de oreja, por qué el otro era sordo o había nacido ciego. Conocí a Mini, grande, jaspeado, gato montés. Cuando leí las páginas que Carilda le dedicó, entre las mejores que escribiera en prosa, conocía de antemano a quien se referían: estaba frente a mí y nos mirábamos fijo.

En la saleta había una mesa de comedor, de madera pulimentada con un largo mantel blanco. Algunas noches comimos en esa mesa. Aprendió a cocinar ya casada con Hugo Ania Mercier. Sobre él, después de su muerte, escribiría algunos poemas, tres sonetos que admiro y casi me sé de memoria. Salíamos al largo patio, al que daban todas las piezas de la casa, pleno de jazmines, galanes de noche, sembrados en macetas, cuidados y florecidos. Ella me daba sus nombres, los mencionaba, se acercaba a olerlos y a acariciarlos. Los gatos iban detrás, dando saltos, corriendo. Comían sobre las losas, comían, guerreaban. La noche es la hora elegida en que maúllan y hacen el amor.

Durante estas visitas de implacables conversaciones, opiniones literarias, recuerdos y aventuras pasadas, confidencias acerca del modo en que escribíamos, durante ellas nos fuimos dando nuestros libros con tiernas y admirativas dedicatorias.

Duraban hasta las once o el inicio de la madrugada, cuando salíamos a la acera, frente a su casa, en busca de un auto que me devolviera a La Habana.

Pasados dos o tres días sonaba el teléfono. Siempre a las once de la noche. “Es Carilda”, me decía su voz, y reanudábamos el diálogo que la partida nos había interrumpido. Hablábamos una o dos horas. Nuestra vida pasaba por el hilo telefónico. Más que en su casa, entre el olor de las plantas del patio y el maullido de algún gato, le preguntaba sobre su vida con mayor intimidad e insistencia que en su propia saleta. Ella hacía lo mismo con la mía.

En una de esas llamadas, el teléfono parecía propiciar otras confidencias, me dijo que quería mandarme, siempre que antes me comprometiera a decirle con entera franqueza cuanto pensaba, una recopilación de sus cuentos. “¿Cuentos? ¿Tú escribes cuentos?”, exclamé estupefacto, y firmé verbalmente el compromiso.

A los pocos días llegaron por correo electrónico.

Quedaba roto uno de sus secretos, guardado a lo largo de cuarenta años. El primero estaba fechado en 1948. Eran ocho en total. Varias noches mi teléfono dejó de sonar. La poeta desplegaba su astucia: me daba tiempo de lectura.

Mantuve encendida la computadora. Debieron pasar tres días, más exactamente, tres noches. No sólo era nuestro hábito conversar, leíamos, escribíamos, trabajábamos en las horas propicias de la noche, hasta entrada la madrugada. La máquina marcaba ochenta páginas. Lo que sumaría el original.

Cuando terminé de leer y sugerirle pequeñas correcciones, como ella me había pedido que hiciera, fui yo entonces quien la llamé. Eran las once y diez cuando terminé de darle mi opinión. Carilda la había escuchado en el mayor de los silencios. “Sin tu ayuda no me atrevería a mostrar a nadie esos cuentos”.

Volvieron a su casa por correo electrónico.

Mi sorpresa se contagió de curiosidad. Me atrajeron aquellos ocho cuentos, bastante extensos, escondidos por tantos años, escritos en el silencio nocturno de su antigua casa matancera, ocultos de la publicidad, que a Carilda Oliver le resultaba ya difícil eludir. Sin duda, durante ese lapso y de vez en cuando, los escribía para sí misma. ¿Dónde los guardaría? ¿En qué pieza de su inmensa casa? ¿En un sobre, en un file, en una carpeta, mientras transcurría el tiempo?

Resulta habitual que un poeta, en algún momento de su labor, se sienta tentado por la prosa, su violento antagonista. Novelistas y dramaturgos excelentes tuvieron su inicio en la poesía, la abandonaron luego, o como en el caso de Carilda Oliver, la hicieron coincidir, a ella, absorbente y díscola, con el resto de su escritura. Si Carilda Oliver resulta semejante en tal coincidencia, no lo es en un punto novedoso e inquietante: el silencio, casi absoluto, sobre su quehacer antagónico.

No obstante y si se aceptan ciertos límites entre los géneros, si las formas literarias son antagónicas: cualquiera que haya escrito poemas sabe que de ese modo no se escribe un relato.

A medida que frecuentaba la poesía de Carilda Oliver, tras la lectura sorprendente de sus narraciones, y pese a las diferencias entre un género y otro, me aguardaban en el conjunto de los ocho cuentos, deliciosas relaciones, resonancias, prolongaciones, repetición de estructuras, principalmente en algunos sonetos y ciertos poemas extensos, el placer de las confluencias, a ratos contradictorias y otras veces complementarias, entre los cuentos desconocidos y su obra poética publicada.

A sus poemas amorosos y eróticos se unen o conjugan, prestan luces, se reflejan como en espejos dobles, varios de estos relatos. En el nombrado “La tarjeta”, que figura entre los breves y extraños, con un final inesperado, la protagonista parece imaginar al amante para amarlo por reminiscencia, mientras que en “Palomo verde”, uno de los mejores, la relación lograda de la pareja se refleja como celosía en la madre del protagonista. O en el relato, tan conseguido, “A la una de la tarde”, la relación sexual furtiva, narrada con franqueza verbal y acierto, termina en una transformación casi mágica, que propicia otra lectura: la de una realidad doble, entre lo imaginario y lo factible. Leer este cuento me acercó a momentos semejantes de su escritura poética, al poema “Elegía en abril” y a otro que ¿casualmente? se llama “Cuento”.

“Deida” y “La calle del Refugio”, me dieron a conocer una faceta de la poeta, cercana a la escritura fantástica. El primero, “Deida”, me gustaría colocarlo dentro de una tradición: la de la mujer impregnada de naturaleza, de la naturaleza como razón sentimental y no como paisaje, tradición en la que figuran otras dos escritoras cubanas, con textos un tanto más complejos pero similares: la Avellaneda de La hija de las flores y la Loynaz de Jardín.

En las tres, una pieza teatral y dos relatos, las protagonistas son adolescentes, ingenuas y rebeldes a la vez. Desde su mundo o condición completamente natural, semejantes a las Claudines de Colette, casi sin quererlo o proponérselo, realizan una crítica de la organización antinatural de la sociedad humana.

“La calle del Refugio” establece con “La tarjeta” un diálogo de semejanzas y de soluciones: ambas parten de un malentendido emocional. En “La calle del Refugio” se busca una compensación imaginaria a la frustración o la soledad amorosa.

No debo pasar por alto dos opiniones, una de ellas quizá resulte más grave que una opinión, con la que ahora, dentro de un instante, cerraré estas palabras.

Le dije a Carilda Oliver, bien por teléfono o en una de nuestras noches en las que mezclábamos secretos, penas, goces imposibles, ilusiones. Lo primero que le dije fue esto: junto a “Palomo verde” y “A la una de la tarde”, otro relato constituye tu trilogía de excelencias. Ese relato es “Mini”.

Imantado me dejó su lectura. Caminé por mi casa acompañado de ese gato montés que, sin embargo, murió de tristeza, al pie de su cama, cuando la narradora abandona la casa por unos meses para hacer un viaje. Relato escrito con seguridad y maestría, ritmo creciente e insospechadas soluciones. Parecido a las viñetas de animales de Jules Renard.

Terminada la lectura de “Mini” le agregué a la autora: nunca antes había visto un gato. Lo familiar se nos ha vuelto extraño, es decir, esencial. En nuestra cuentística sólo encuentro un relato equiparable: “Belisario” de Virgilio Piñera, donde figura un extraordinario tigre.

Finalmente la segunda cosa que le dije tal vez era una confesión o más que una confesión una decepción confiable: es una lástima que hayas escrito tan pocos cuentos. Aunque “Mini”, “Palomo verde” y “A la una de la tarde” puedan figurar, con mucha dignidad, en cualquier antología futura, si insistieras, Carilda, y a estos cuentos agregaras un puñado más, tendríamos en la narrativa cubana una cuentista excelente.

Con estos cuentos confeccionó un pequeño libro, al que le puso el nombre de uno de ellos “A la una de la tarde”. Le mandé o llevé una noche una nota preliminar que ella me pidió y aceptó complacida. De esa nota he tomado algunos apuntes. El libro apareció en 2004, por la editorial Letras Cubanas. Los años, con su inveterada mala costumbre, pasaron, siguieron pasando. Carilda Oliver Labra murió en este mismo 2018. Fui a acompañarla por última vez a Tirry 81. Tengo la ilusión de que se encuentre entre sus papeles póstumos un puñado de cuentos inéditos, ocultos, sin mencionar, escritos durante esto catorce años, como los ocho que me mandó una vez.

Muchas gracias por escucharme.

 

Calendario de actividades ACuL

La Academia Cubana de la Lengua pone a su disposición el calendario de actividades que estará desarrollando en los siguientes meses, y agradece su participación.

Noviembre:

Día 26 – La Academia Cubana de La Lengua se reunirá en sesión pública y solemne para recibir al narrador y periodista Leonardo Padura Fuentes como su nuevo Miembro de Número, quien pronunciará el discurso titulado ¿Para qué se escribe una novela?, el cual será respondido por la Académica de Número Margarita Mateo Palmer, acto que tendrá lugar este lunes 26 de noviembre de 2018, en el Aula Magna del Colegio Universitario de San Gerónimo de La Habana, Mercaderes entre Obispo y O´Reilly, Centro Histórico de La Habana, a las 3:00 p.m. Padura Fuentes es Premio Nacional de Literatura 2012, Premio Princesa de Asturias de las Letras, 2015 y Premio Internacional de Novela Histórica Barcino, 2018, entre otros.

Diciembre:

Día 3- Mesa redonda en homenaje a la desaparecida poetisa matancera Carilda Oliver Labra quien fuera Miembro Correspondiente de la ACuL, en el patio del Palacio del Marqués de Arcos, 3:00 p.m. Libre acceso.

Enero-febrero:

Días 28, 29, 30, 31, feb. 1º .  Seminario Internacional “Las investigaciones lingüísticas en el Mundo Hispánico”.

Palacio del II Cabo

Participantes cubanos y extranjeros con inscripción confirmada.

Llegada de Cira Romero a la Academia Cubana

 

 

Es un acierto notable la entrada de la investigadora literaria Cira Romero a la Academia Cubana de la Lengua, sorprende que no estuviera desde mucho tiempo antes en una de nuestras sillas. No se requieren aptitudes de adivinación para vaticinar que su presencia redundará un beneficio ante el cúmulo de tareas que solemos afrontar. Su currículo dispone de un respaldo inmediato en las estanterías de nuestras bibliotecas y librerías, beneficio para nuestra literatura colocado en las manos de los lectores. Ha trabajado con dedicación y ahínco sobre textos coloniales, republicanos y de la inmediatez. Antes de su llegada ya la contábamos como colaboradora en labores de gran empeño y necesidad, ediciones críticas y trazados periódicos imprescindibles.
De ese amplio abanico de obras y de autores trabajados por nuestra colega, se decidió por su estudio al narrador Lino Novás Calvo, con el cual entra en la Academia Cubana de la Lengua. Ningún otro autor requeriría mayor complejidad de observación, y para hacerla entre nosotros ningún analista más autorizado que ella. Su amplitud de intereses ha dado lecciones. Sin abandonar otros, ha profundizado en la narrativa del autor de Pedro Blanco, el negrero, en su desempeño como corresponsal de guerra en la República Española, y en la jefatura de información de la mítica revista Bohemia, a cuanto añadió traducciones que constituyeron benéficos regalos a nuestra cultura. Los textos de Novás Calvo recorrieron las más significativas publicaciones cubanas en la primera mitad del siglo xx, sin convertirlas en fijación a grupos y tendencias alejadas del aperturismo requerido por una cultura como la nuestra. Parece que en un conjunto desamorado alcanzó a ser la mano estrechada en tiempos de tormenta y una ilimitada voluntad de comunicación. Leer más …

NOTA DE PRENSA

 

La Academia Cubana de la Lengua tiene el placer de informar que por razones ajenas a su voluntad ha sido necesario cambiar la sede del acto de ingreso como Miembro de Número del dramaturgo Reinaldo Montero este próximo lunes 1º de octubre a las 3:00 p.m., para la Sala de Conferencias del Palacio del Segundo Cabo, frente a la Plaza de Armas del Centro Histórico. Su discurso de ingreso será “Abelardo Estorino y la condición suficiente”, y el recibimiento corresponderá al poeta, dramaturgo, Académico de Número y Premio Nacional de Literatura, Antón Arrufat. Este acto es de carácter público.

JUNTA DE GOBIERNO

 

Ingreso a la ACuL de Cira Romero Rodríguez

 

La Academia Cubana de la Lengua tiene el placer de informar que el acto de ingreso como su Miembro de Número, de la acuciosa investigadora de nuestra literatura, Cira Romero Rodríguez, será el lunes 10 de septiembre a las 3:00 p.m. en el teatro del Museo de Arte Colonial, ubicado en la Plaza de la Catedral. El mismo será de carácter público y solemne. Los títulos de los discursos de ingreso y de recibimiento son, respectivamente, “Lino Novás Calvo: entre la certeza y la incertidumbre” y “Lino Novás Calvo leído por Cira Romero”, a cargo del Académico de Número y Premio Nacional de Literatura, Reynaldo González Zamora.

JUNTA DE GOBIERNO

Elegidos cuatro nuevos Miembros Correspondientes de la ACuL

 

Elegidos cuatro nuevos Miembros Correspondientes de la Academia Cubana de la Lengua

En el pleno efectuado el pasado 14 de mayo se aprobaron las cuatro propuestas presentadas de nuevos Miembros Correspondientes de la ACuL, tres en el extranjero y uno en el territorio nacional. Son ellos Guillermo Rojo y Antonio Briz, de España, Alfredo Matus Olivier, de Chile, y el cubano Pedro de Jesús, de Sancti Spíritus. Los extranjeros ingresarán durante su estancia de enero de 2019 como invitados especiales al Seminario Internacional cuya convocatoria se muestra en este sitio. El acto de ingreso de Pedro de Jesús se producirá en el tercer cuatrimestre de este año.

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Día del idioma

 

La Academia Cubana de la Lengua celebrará el próximo lunes 23 de abril, Día del Idioma, con la tradicional ofrenda floral ante el monumento a Don Miguel de Cervantes Saavedra, a las 10:30 a.m., en el Parque San Juan de Dios, del centro histórico, ocasión en que hará uso de la palabra el Académico de Número Enrique Saínz de la Torriente.

A continuación, la Academia Cubana de la Lengua realizará una sesión abierta al público en el Aula Magna del Colegio Universitario de San Gerónimo, con la presencia de representantes diplomáticos de los países de habla hispana quienes leerán fragmentos de autores relevantes de sus literaturas en relación con la lengua que nos une. Actuará la Schola Cantorum Coralina dirigida por la maestra Alina Orraca.