El lenguaje es política

La vicepresidenta Carmen Calvo promete su cargo aludiendo al Consejo de Ministros y Ministras. POOL/EFE

Ridiculizar el lenguaje no sexista es una forma grotesca de defender una posición de poder

 

Isabel Muntané
16 AGO 2018 – 00:00 CEST
El País

Hablar de lenguaje no sexista levanta ampollas que nada tienen que ver con las palabras, la gramática o la lingüística y mucho con el poder y la política. El lenguaje es ideología, representa una sociedad y una cultura y, por supuesto, representa un poder. Renunciar al lenguaje sexista es renunciar a continuar ejerciendo el poder. Y ahí es donde encontramos la resistencia numantina de quien custodia el sistema patriarcal. No defiende el lenguaje. Está defendiendo una ideología y estamos hablando de política por mucho que nos quieran hacer ver otra cosa. Hablemos claro, el corporativismo masculino está defendiendo la mirada androcéntrica, patriarcal y machista que los sitúa, a ellos —porque mayoritariamente son hombres— en el centro del poder.
La lengua, y con ella el lenguaje, evoluciona de acuerdo a las necesidades de cada época. Tiene la capacidad de reflejar la realidad y también de ayudar a construirla. Por ello mismo, necesita adaptarse a los cambios y si no lo hiciera seríamos incapaces de comunicarnos. Aún estaríamos hablando de abarrir en vez de destruir; de dolioso en vez de dolorido o de hisopo en vez de húmedo, o de darve, citerior, gumía o zacatín, por poner unos ejemplos. ¿Quién nos entendería? Nadie, o quizás sólo las personas que ocupan los sillones de la Real Academia Española. Parece que hay paladines de la lengua que no quieren admitir la capacidad de renovación, evolución y adaptación que lleva implícita cualquier lengua. Peor aún, defienden la inmovilidad como un valor en positivo en vez de una debilidad manifiesta y contraria a la esencia de toda lengua.

Y en esta defensa nos encontramos periódicamente con campañas agresivas y absurdas que usan falacias y ataques furibundos para ridiculizar los argumentos de quienes defendemos el lenguaje no sexista. Nos dicen que el genérico masculino, en tanto que género no marcado, es inclusivo del femenino. Pues les decimos que no, que no lo incluye ni lo pretende. El masculino a veces es específico y a veces genérico. Requiere de un esfuerzo para entender cuando incluye a unos y otras o solo a unos, e incluso sólo a unas. Ya somos muchas las mujeres —y algunos hombres— que no nos sentimos incluidas —así, con a— en este masculino gramatical. Entendemos que este masculino es, sencillamente, un instrumento para invisibilizar, silenciar y menospreciar a las mujeres y así perpetuar un patriarcado que no nos quiere con voz, ni en el espacio público, ni en la toma de decisiones. Esta es la verdadera intención que subyace en el mal llamado masculino genérico.
Y si vamos de las falacias argumentativas a los ejemplos concretos, la situación llega al ridículo cuando se satirizan las formas dobles. Volvemos a repetirlo, no estamos a favor del uso indiscriminado de las formas dobles; ni tampoco queremos hablar de cebros y cebras; de jirafas y jirafos o de señoro y periodisto, ni estamos en contra de la economía del lenguaje, a la que defendemos con ahínco desde el periodismo. Pero sabemos que el lenguaje tiene múltiples recursos para expresar la realidad sin necesidad de señalar el sexo o de recurrir a las formas dobles, que dicho de pasada, se hacen servir con más frecuencia de lo que parece y nadie se sorprende cuando se dice “señoras y señores”. Podemos utilizar genéricos, nombres abstractos y epicenos; substituir el nombre por un pronombre; utilizar determinantes sin marca de género; elidir el sujeto; eliminar el artículo… y así hasta una infinidad de mecanismos que determinados lingüistas y académicos —con o— parecen ignorar.
Esto, señores, es lo que hacemos, y ridiculizar la propuesta feminista de lenguaje no sexista es una forma perversa y grotesca de defender una posición que, se diría, no tiene argumentos. Ustedes lo saben bien. No estamos hablando de lenguaje, hablamos de ideología y de política. Porque a través de la lengua nos construimos, nos socializamos e interpretamos el mundo. Si las mujeres no aparecemos ¿dónde estamos? Ocultas, silenciadas, en casa. Como nos quiere el patriarcado. Así que, señores, no es que confundamos la gramática con el machismo, es que el uso académico de la lengua, que no ella, es machista, y en consecuencia el lenguaje, entendido como la capacidad humana que conforma el pensamiento, perpetúa este machismo. Y, sí, el lenguaje no sexista es un arma ideológica y política capaz de reflejar otra realidad y contribuir a la destrucción del poder patriarcal. Y claro, esto duele. Lo sabemos.

Tomado Perìodico El Paìs

Isabel Muntané.

Periodista y codirectora del máster Género y Comunicación (UAB).
16 AGO 2018 – 00:00 CEST
El País

/https://elpais.com/elpais/2018/08/07/opinion/1533666589_152469.html

Closed

Por:  Graziella Pogolotti Jacobson

Aquí y allá, en establecimientos comerciales de carácter privado se extiende, como por onda expansiva, el uso de anuncios en inglés. Esa
presencia comienza a invadir el espacio público. En estas circunstancias, es imprescindible recordar que el español constituye la lengua oficial en nuestro país. Portadora de identidad, componente esencial de nuestra cultura, integra los factores constitutivos de la nación soberana. Por demás, la ley impone la exigencia de su cumplimiento obligatorio por parte del conjunto de los ciudadanos.

Cabría suponer que entre los comerciantes de reciente estreno se manifiesta la tentación de complacer, por esta vía, a los visitantes de otros países que, en flujo creciente, llegan al nuestro, aunque no todos sean hablantes nativos del inglés.

Se trata de una apreciación errónea. Las motivaciones de los viajeros son múltiples. Muchos se solazan con los atractivos de la naturaleza,
disfrutan del sol y la playa. Otros, prefieren frecuentar las ciudades, interesados por los valores patrimoniales que las singularizan y por el comportamiento de un pueblo comunicativo, callejero, acogedor y cordial, tal como lo reconocieron quienes pasaron temporadas entre nosotros desde los tiempos de la colonia. En el ámbito edificado y en las gentes que lo habitan, descubren los valores de una cultura diferente, amasada a través de una historia específica.

Por vía inconsciente, el ambiente que nos rodea influye en el uso del idioma. Era yo una joven recién graduada en busca de trabajo, cuando
se me ofreció la oportunidad de colaborar en la elaboración de un manual de ortografía. La autora del texto había realizado previamente
una encuesta entre estudiantes para detectar los errores más frecuentes. No los hubo al escribir la palabra cerveza, a pesar de la
c, la v y la z, tan comprometidas en nuestra habla latinoamericana. Por aquel entonces, la competencia entre las marcas más reconocidas se
manifestaba en un despliegue publicitario en las calles y en la televisión. La grafía se grababa de manera indeleble en la retina de todos.

Según reseña la prensa, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, subrayó en palabras pronunciadas en el
Ministerio de Educación la necesidad de conceder la importancia que merece al desarrollo de los hábitos de lectura mediante la conducta de un maestro, portador siempre de un libro ante los escolares que deberán seguir su ejemplo.

El asunto adquiere mayor trascendencia en tiempos de dominio creciente de la comunicación audiovisual. Ha sido objeto de análisis e investigación a nivel internacional. Entre nosotros, el tema reclama atención de primer orden ante el deterioro en el empleo de la lengua
que concita preocupación en amplios sectores sociales. Por distintas vías se ha manifestado la necesidad de conceder la debida jerarquía al
aprendizaje del idioma, no solo mediante el manejo de la gramática, sino a través del entrenamiento en la comprensión de textos literarios.

El dominio del idioma asociado a la comunicación humana y a la capacidad de forjar en los educandos el ejercicio de un pensar independiente, crítico y creativo, abierto al acceso al conocimiento y a la búsqueda permanente de la innovación, resulta reclamo fundamental de esta época. Constituye un integrante inseparable, junto a la historia y las matemáticas, de la tríada de disciplinas que, más allá de lo instrumental, se distinguen por su carácter formador.

Preservar el potencial de riqueza y expresividad de la palabra y diseñar estrategias en función del presente y, sobre todo, con vistas
al futuro de las criaturas que están naciendo, cuando los mensajes telegráficos dominantes en el empleo de los teléfonos celulares suplantan el arte de la conversación, bloquean el diálogo productivo, interfieren la transmisión de saberes, castran el impulso creativo de la imaginación y limitan el acercamiento sensible entre los humanos, son demandas impostergables.

La complejidad del desafío compromete a la familia y a la escuela, pero trasciende delimitaciones institucionales compartimentadas. Desde
el amanecer, la comunicación preside, tanto como el oxígeno que respiramos, la totalidad de nuestro existir. Se manifiesta en la zona
más íntima del hogar, en el tránsito por las calles, en la prestación de servicios, en las fórmulas de una convivencia civilizada, en el tejido de las redes de la información que nos conectan con la realidad del país y con los derroteros del acontecer internacional. Comprender
la magnitud del problema es paso indispensable para afrontar la búsqueda de las soluciones.

Cultura e identidad arropan el territorio de la espiritualidad, residencia de los valores que nos definen como pueblo. Perduran y se transmiten a través de la lengua que hemos heredado. Cuidemos de ella en los mensajes que animan nuestras calles, en los medios de comunicación, en el ámbito de la escuela y del centro de trabajo. Podemos hacerlo ahora mismo. Mientras tanto, para precisar estrategias a largo plazo, convoquemos al análisis y la reflexión. Ante la complejidad de los problemas, pensar es un modo de ir haciendo.

Tomado de Juventud Rebelde

http://www.juventudrebelde.cu/index.php/opinion/2018-05-19/closed

Publicado: Sábado 19 mayo 2018 | 09:21:59 PM

Cuidar el lenguaje es cuidar el pensamiento

Aunque los tiempos no estén para andar haciendo confesiones personales, quede la siguiente como testimonio de honradez al menos. La primera noticia que el autor de este artículo tuvo sobre la supresión de la prueba de lengua española en exámenes de ingreso a los Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas —a la universidad, llegó a decirse—, la recibió por vía oral, y él pensó: “¡Otra bola para crear confusiones y desprestigiar a la Revolución Cubana, y nada menos que en el sistema educacional, uno de sus pilares!” Pero esta vez, lamentablemente, lo que circulaba no era una nueva expresión de tantos rumores como los que ha sido necesario refutar para combatir a enemigos externos o domésticos. Era cierto lo tocante a los mencionados institutos.
Esos centros constituyen una relevante puerta de acceso a la universidad en Cuba, y lo que se decida para ellos puede tener repercusiones que los desborden. No son la única vía para hacerlo —de otras aulas salen también alumnos brillantes—, pero forman lo que está llamado a ser una cantera fundamental de profesionales para el país, especialmente en el área que el nombre genérico de dichos institutos señala: las denominadas ciencias exactas, que no son las únicas, pero tienen prioridad en ellos y particular significación para el ámbito tecnológico y otros afines.
A las confirmaciones sobre la medida mencionada se sumó una declaración emitida el 17 de abril último por la junta de gobierno de la Academia Cubana de la Lengua: http://www.acul.ohc.cu/consideraciones-acerca-de-la-eliminacion-del-examen-de-espanol/. Tampoco se habían hecho esperar diversos comentarios que iban por igual o similar camino y, desde que se dio a conocer, el pronunciamiento de la Academia ha suscitado justas aprobaciones. Ese organismo cumplió su deber, cuando no siempre todas las instituciones cumplen el suyo en plenitud y con tino, y ratificó una verdad insoslayable: cuidar el lenguaje es cuidar el pensamiento. Con ello defendió a la patria y su sistema educacional.
Según se sabe, la supresión este año del español en las pruebas para el ingreso a los mencionados institutos ni siquiera puede disculparse argumentando que fue impensada. De haberlo sido, también merecería rechazo; pero se pensó, solo que, a juicio de quien esto escribe, y de no pocas otras personas que se han manifestado sobre el tema, se pensó mal. El mismo día en que conoció el pronunciamiento de la Academia el articulista lo reprodujo en su página de Facebook, y le han llegado comentarios que merecen atención en su totalidad. Si no cita ninguno es por los apremios del espacio, pero aspira a que todos se sientan representados en lo que aquí sustenta.
El clamor de repudio contra la medida tomada ha sido y está siendo amplio, y nuestra Academia no ha hecho más, ni menos, que apoyarlo con un peso institucional que sería más que irresponsable desconocer. Deben tenerlo en cuenta los implicados en una decisión que ha merecido calificarse como torpe cuando menos, o de lesa cultura. Lo sería, cabe suponer, en cualquier momento, pero lo es aún más cuando pululan errores y horrores que son como para echarse a llorar, o a correr para tratar de erradicarlos.
Quien desee conocer esa realidad y no vivir en el limbo de las resignaciones y la ignorancia voluntaria, solo tiene que asomarse a textos que corren en internet y en otros soportes diversos, editados incluso. A veces no sería acertado hablar siquiera de mala ortografía, sino de un caos heterográfico que amenaza con babelizar el español. Se dice que no ocurre solamente en este idioma, pero de él se trata, y esa lengua no le pertenece solamente a Cuba, ni al país donde nació y por obra y gracia del colonialismo lleva su gentilicio por nombre, sino a una de las mayores comunidades lingüísticas y literarias del mundo.
La referencia explícita a textos impresos obeece al valor documental que ellos tienen para valorar el asunto, no porque se piense que la expresión oral anda por mucho mejor camino en jóvenes y no jóvenes. Aunque al decirlo quisiera uno limitarse a desastres que pudieran estimarse solamente formales, entre forma y contenido funciona una unidad orgánica. Eso es algo que no deben ignorar quienes alguna vez hayan blasonado, o blasonen hoy, de defender el materialismo dialéctico, aunque para ser consciente de tal hecho pudieran bastar el extraordinario sentido común y conocimientos elementales.
Ejemplos de dislates que apuntan a la urgencia de perfeccionar —nunca descuidar— la enseñanza y el conocimiento de la lengua abundan por todas partes en Cuba, y en grado alarmante son palmarios incluso en personas que tienen alto grado de responsabilidad profesional en esa esfera. Para no ir más lejos, basta mencionar la frecuencia con que se sufren errores de concordancia elemental en el plano de la gramática, o la alteración radical del sentido en expresiones tan comunes como favoritismo y dar al traste con, mal empleadas con el uso que les corresponde a ventaja y a propiciar, respectivamente.
Es ineludible insistir en un ejemplo de algo todavía más grave, y que va resultando una epidemia ya: el empleo de humanitario como sinónimo de humano, cuando aquel adjetivo califica a lo que es beneficioso para la humanidad, para las personas. En medios de comunicación y hasta en altos podios políticos se habla de crisis y desastres “humanitarios”. Tal error sirve para avalar la calificación de humanitarias dada por el imperialismo estadounidense y su lacaya OTAN a intervenciones que esas fuerzas genocidas llevan a cabo para masacrar pueblos y robarles sus riquezas naturales. ¿No viene de ahí la manipulación de ese calificativo? Aceptarla por error o ignorancia no resta gravedad al asunto. Quizás la refuerce.
Frente a semejante realidad, ¿qué es la pobreza idiomática apreciable cuando en la pantalla del televisor comunicadores y entrevistados aparecen usando un idioma que se diría de muñequitos y comienzan sus parlamentos con giros de este corte: “Decirles que…”? ¿Dónde quedó el antecedente que exprese la intención real del infinitivo decir? Así como tampoco nadie, y menos supuestos defensores del materialismo dialéctico e histórico deben, ignorar la unidad orgánica que opera entre pensamiento y lenguaje, ¿no se aprecia en esa pobreza expresiva una señal de pobreza de ideas?
Ante esos hechos, las instituciones y las autoridades responsabilizadas con fortalecer el buen uso del español en Cuba no deben permitirse acto alguno que menoscabe el efecto de sus funciones. Si hasta ahora las pruebas de ingreso a los institutos ya mencionados, y a la universidad, han revelado deficiencias, alarmantes incluso, en lo que respecta al español, la solución no es eliminar las mediciones que evidencien crisis, sino fortalecer los planes de enseñanza y la preparación de quienes —desde el aula hasta la cúpula de los ministerios correspondientes— deben garantizar la calidad de la enseñanza. Para eso es también necesario, lo recuerda la Academia Cubana de la Lengua, estimular la inteligencia y la voluntad de aprendizaje del estudiantado, no acomodarlas hasta que entren en letargo. Por ese camino pudieran más bien extinguirse.
Eliminar exámenes, como ahora intenta hacerse —o ya se ha decidido con una medida a la que urge dar marcha atrás—, equivale, acudamos al lenguaje popular y culto, a tirar por la ventana el sofá, o la bañera con el agua sucia y el niño dentro. En términos más técnicos, o literales, de algún modo equivaldría a retomar o seguir validando el síndrome del promocionismo, que tanto le ha costado y pudiera seguir costándole al país, con independencia de las intenciones con que ese morbo se haya propiciado: un morbo que da al traste con los irrenunciables propósitos de índole cualitativa que deben ser rectores en la instrucción y en la educación, y confiere favoritismo a la ignorancia.
Aducir que se trata de viabilizar el acceso a las aulas a futuros profesionales de determinadas áreas de la ciencia y la tecnología supone, cuando menos, un grave déficit cultural por parte de quienes propician el dislate, o lo aceptan. Si lo que se quiere fomentar no es un indeseable proyecto para fabricar emigrantes, esos profesionales deben preverse como parte, en primer lugar, de Cuba y, por consiguiente, de la comunidad lingüística hispanohablante. La sabiduría científica no parte del aire, ni se afinca en él: es una etapa superior del conocimiento, que empieza por ser elemental y cotidiano y se extiende a esferas cada vez más altas y complejas.
Si el profesional no conoce bien su idioma —y no es cuestión de dominar tecnicismos o saber dibujar cuadritos de gramática estructural, aunque unos y otros pueden ser muy beneficiosos para el buen pensamiento—, ¿cómo va a interpretar rectamente los fenómenos y explicárselos a sí mismo? ¿Le bastará dialogar solamente con la pantalla de su computadora? ¿Entendería así de manera cabal todo cuanto puede llegarle por esa vía? ¿Podrá creer que para ser científico o tecnólogo le bastan las jergas y abreviaturas que ha empleado para intercambiar ágiles mensajes por el correo electrónico o el teléfono celular? Mucho más, ¿cómo va a comunicarse con la comunidad científica? No está de más recordar la sabiduría integral que ha caracterizado a quienes han sido paradigmas en el plano del conocimiento. Y los paradigmas no están para ser elogiados y olvidados, sino para respetar lo que enseñan, y tratar de seguirlo.
¡Ah!, pero no tarda en asomar el fantasma de la lingua franca imperial que se ha entronizado en el mundo. Aparte de que los malos hábitos y la ignorancia en el uso de la lengua madre pueden trasladarse nocivamente al aprendizaje y el empleo de otros idiomas, vale detenerse en algunos elementos valorativos. A ningún nivel de la nación se debería estimular acríticamente, como acto de inercia irreflexiva, el conocimiento de otros idiomas, conocimiento en sí mismo útil, valioso, aconsejable, y no solo si se trata del inglés. Es necesario favorecer en todo caso la asunción de perspectivas culturales adecuadas, incluidas las de índole histórica y política. Ya hay en Cuba centros privados de enseñanza donde el inglés se les enseña a niños y niñas del país como si residieran en Miami o en Nueva York. Aunque solo fuera frente a eso, algo les corresponde hacer a las instituciones nacionales.
No se habrá repetido lo bastante: el privilegio de que goza hoy la lengua inglesa no se debe solo ni principalmente a las grandezas de William Shakespeare y Walt Whitman. Grandezas tendrán o tienen los demás idiomas, el sobresaliente español entre ellos, honrado por las de Miguel de Cervantes, José Martí, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rubén Darío y otros. El paso avasallador del inglés se basa, sobre todo, en el poderío económico, político, tecnológico, mediático y bélico de un imperio que se expresa en ese idioma. No es una realidad que se deba soslayar, como si la cultura fuera algo tan abstracto y aséptico que no se requiriese estar advertido de cuanto ocurre en el planeta.
Cuando hace unos siglos el latín se usaba como lingua franca de las ciencias, ya no se rendía pleitesía a ningún imperio que se comunicara en ese idioma, y este hace un todavía mayor número de siglos que dio lugar a otros: los romances, como el español. Hoy, con el inglés, la realidad es diferente. No se trata de no usarlo, ni de darle la espalda, como algún “cosmopolita posmoderno” pudiera pretender que los presentes apuntes proponen. Pero no se piensa aquí en interlocutores tales, sino en lo mejor del pueblo de Cuba, y en quienes de cualquier modo tengan la posibilidad y el deber de actuar para que se revierta una decisión que, de solo estar vigente un año, ya sería impertinente y puede acarrear consecuencias lamentables, como sucede con cualquier error introducido en el sistema educacional. Ni pensar en lo que ocurriría si se permitiera que dure más de un curso, o devenga pauta para el ingreso a la universidad.
La indeseable medida confirma que no solo en lo más explícita o directamente económico puede asomar la oreja peluda, lobuna, del pragmatismo, forma de pensamiento —o falta de él— característica del actuar capitalista. Menospreciar o relegar el español en Cuba hace recordar tristemente el Plan Bolonia, tan combatido en Europa por pedagogos y otros profesionales de actitud revolucionaria, emancipadora, y tan propulsado por quienes pretenden eliminar todo lo que estiman ajeno a la finalidad de formar tecnócratas, ejecutivos y otros representantes del capitalismo. El ateo convencido que esto escribe pide perdón para decir: ¡Dios nos ampare!

Luis Toledo Sande

Cubarte, 30/abril/2018

La RAE acepta el imperativo ‘iros’

La RAE acepta el imperativo ‘iros’ para el verbo ‘ir’ por su uso extendido

Tomado de Internet

Madrid, 17 jul (EFE).- La Real Academia de la Lengua (RAE) ha aceptado el uso de iros como forma de imperativo de la segunda persona del plural del verbo ir, aunque asegura que la forma más recomendable en la lengua culta para este tiempo sigue siendo idos.

Así lo han confirmado fuentes de la RAE, que explican que este cambio ha sido propuesto y aprobado por el pleno de la Academia de la Lengua, modificación que explicará en su página web, dentro del departamento de “Español al día”, donde atiende consultas de los hispanohablantes, además de hacerlo también a través de Twitter.

Precisamente, fue a través de esta red donde el escritor y académico Arturo Pérez-Reverte contestó ayer, en su cuenta, a una consulta sobre este tema y aseguró que la RAE acababa de aceptar la forma de iros.

Según la RAE, “dada la extensión de la variante iros incluso entre hablantes cultos, se puede considerar válido su uso”.

La Real Academia recuerda que las formas de imperativo de la segunda persona del plural correspondientes al pronombre vosotros pierden la -d final cuando se añade el pronombre enclítico os, como es el caso de amad (amaos); comed (comeos) o venid (veníos).

Sin embargo, señala la RAE, tal como se indica en la Nueva gramática de la lengua española (2009), “el escaso cuerpo fónico de la forma esperable íos -empleada en español antiguo- explica que, frente a lo que ocurre en el resto de verbos, se haya mantenido la d de id, dando lugar a la forma idos, única normativamente aceptada hasta ahora en la lengua culta”.

El predominio de la forma iros en la lengua oral es el resultado de un proceso denominado “rotacismo” (la conversión en una r), que, dice la Academia, ha podido verse influido por la tendencia general que se percibe en el español europeo a insertar esta consonante en la segunda persona del plural de los imperativos: marcharos por marchaos o callaros por callaos.

No obstante, la RAE advierte de que la aceptación de iros no se debe extender a las formas de imperativo de otros verbos para las que lo adecuado es prescindir de la r.

Así, es preferible decir ¡marchaos! o ¡sentaos! a ¡marcharos! o ¡sentaros!, señala la RAE que explica que el motivo de esta distinción es que muchos hablantes cultos que aceptan la forma iros rechazan, sin embargo, formas como marcharos.

Espíritu y letras en español

La ceremonia, acaecida en el Aula Mag­na del Colegio de San Gerónimo, formó par­te de la Sesión solemne y pública del Pleno de la ACUL, concebida para rendir merecido ho­menaje a la institución que fundara En­rique José Varona, junto a otros descollantes intelectuales, hace ya 90 años

 De izquierda a derecha los doctores Darío Villanueva, director de la RAE, Rogelio Rodríguez Coronel, director de la ACUL; Francisco Javier Pérez, Secretario General de la Asale, y Margarita Vásquez, directora de la Academia Panameña de la Lengua. Foto: Yander Zamora
De izquierda a derecha los doctores Darío Villanueva, director de la RAE, Rogelio Rodríguez Coronel, director de la ACUL; Francisco Javier Pérez, Secretario General de la Asale, y Margarita Vásquez, directora de la Academia Panameña de la Lengua. Foto: Yander Zamora
Tomado de Granma

Los doctores Darío Villanueva (Espa­ña), director de la Real Academia Española (RAE) y presidente de la Asociación de Aca­de­mias de la Lengua Española, Asale, y Fran­­­­cisco Javier Pérez (Venezuela), se­cre­tario general de la Asale, y el escritor y periodista panameño Guillermo Sánchez Borbón (conocido por el seudónimo Tris­tán Solarte) recibieron ayer sendos diplomas que los acreditan como Miem­bros Corres­pon­dien­tes de la Academia Cubana de la Lengua (ACUL).

La ceremonia, acaecida en el Aula Mag­na del Colegio de San Gerónimo, formó par­te de la Sesión solemne y pública del Pleno de la ACUL, concebida para rendir merecido ho­menaje a la institución que fundara En­rique José Varona, junto a otros descollantes intelectuales,   hace ya 90 años.

En presencia Abel Prieto, mi­nistro de Cultura, la doctora Margarita Vásquez, directora de la Aca­demia Pana­meña de la Lengua.

En presencia de Ena Elsa Velázquez, mi­nistra de Educación y Abel Prieto, mi­nistro de Cultura; Francisco Montalbán Carrasco, em­bajador de España,  y la doctora Margarita Vásquez, directora de la Aca­demia Pana­meña de la Lengua,  entre otros distinguidos visitantes, el doctor Ro­gelio Rodríguez Co­ronel, director de la ACUL, evocó a los académicos que más recientemente han dejado su fructuosa huella en el trabajo desplegado,  y también a los fundadores de la Academia, creada en 1926, para difundir, cultivar y perfeccionar la lengua española.

En su discurso explicó que la ACUL, ru­bricada con el lema  Letra y espíritu, se creó para preservar una identidad, como también por ese motivo lo hiciera en la misma fecha la Academia Panameña, ho­me­na­jeada en el acto.  Recordó entre los manifiestos recientes de la ACUL, que el acontecer histórico, social y político de la Isla ha tenido siempre su expresión en la variedad cubana de la lengua española, así como en los estudios que sobre ella se han realizado, y que la institución ha estado vinculada al proyecto de nación desde su surgimiento,  como valladar ante el intento de im­­­posición del inglés, en su momento,  y que hoy es  testimonio del desarrollo educacional y cultural.  Por otra parte reconoció el papel esencial de la lengua en la formación de valores, en la cultura, la conformación de sentimientos de pertenencia y en las actitudes sociales, por lo que tiene hoy una gran responsabilidad en el procesamiento de la información, la organización del conocimiento y la creación de las ideas.

Otros momentos cruciales apuntaron a la entrega de un reconocimiento en­ga­la­nado con el arte de Roberto Fabelo a  Vásquez quien a su vez distinguió, en nombre de la Aca­demia que dirige, al poeta Roberto Fer­nández Retamar como Miembro Co­rres­pon­diente de esa institución hermana, entre otras razones, por su poesía de primera línea y la visión descolonizadora de su obra.

Cerró con una magnífica interpretación coral la Schola Cantorum Co­ralina
Cerró con una magnífica interpretación de la coral Schola Cantorum Co­ralina

La velada donde en palabras de sus oradores se remarcó que la hegemonía lingüística ha acabado; que nadie es dueño de la lengua sino el propio pueblo que la habla y que «lo más valioso en el idioma es el destino afortunado de su uso», al decir de José Le­zama Lima, cerró con una magnífica interpretación de la coral Schola Cantorum Co­ralina, en un repertorio que cerró con el tema de Pedro Luis Ferrer Como me gusta hablal e’pañol.

Programa de actividades por el 90 Aniversario de la Academia Cubana de la Lengua

Día 29- 10:00 a.m. 10.20 a.m.

Cancelación de sello conmemorativo del Aniversario 90 de la fundación de la Academia Cubana de la Lengua. Firmarán la cancelación Nancy Morejón, directora saliente, y Rogelio Rodríguez Coronel, director entrante. Por el Ministerio de Comunicaciones de Cuba, la Directora General de Organización, Marisela Fong Rodríguez.

10:30 a.m. 12:30

Sesión Extraordinaria del Pleno de la ACuL a solicitud del Director de la RAE y Presidente de ASALE, don Darío Villanueva.

Día 30 – 4:00 p.m.- 6:00 p.m.

Sesión solemne y pública del Pleno de la ACuL en el Aula Magna del Colegio Universitario de San Gerónimo.

PROGRAMA

  • Apertura de la sesión por el Director de la ACuL, Dr. Rogelio Rodríguez Coronel.
  • Semblanzas de D. Darío Villanueva, D. Francisco Javier Pérez y Guillermo Sánchez Borbón.
  • Entrega de Diplomas de Miembro Correspondiente de la ACuL al Presidente de la Asociación de Academias y Director de la RAE, don Darío Villanueva (español), al Secretario General de ASALE, don Francisco Javier Pérez (venezolano) y a don Guillermo Sánchez Borbón, escritor y académico panameño, en homenaje por el Aniversario 90 de la hermana Academia Panameña de la Lengua.

Breves palabras de agradecimiento.

  • Homenaje de la Academia Cubana a la Academia Panameña de la Lengua en su también 90 Aniversario, con la entrega de un Diploma, a Dª. Margarita Vásquez Quirós, presidenta de dicha academia.
  • Homenaje de la Academia Panameña al escritor y académico cubano Roberto Fernández Retamar, haciéndolo Miembro Correspondiente de la misma.

Breves palabras de agradecimiento

  • Palabras de clausura por el Dr. Rogelio Rodríguez Coronel, nuevo director de la Academia Cubana de la Lengua.
  • Cierra el acto la actuación de la coral Schola Cantorum Coralina, de Alina Orraca.

ELPIDIO VALDÉS se llama ELPIDIO

Por Ana María González Mafud

No cabe la menor duda de que Elpidio Valdés, el personaje y el audiovisual, han dejado una huella indeleble en nuestra cultura por su autenticidad y raigal cubanía. Su existencia ha sido decisiva en el acercamiento de niños y jóvenes a la historia, a sus procesos y a los hombres y mujeres que la han hecho posible. Temas complejos han sido abordados con inteligencia y sensatez, con elegancia y originalidad, de modo que han podido ser comprendidos en todos sus matices. Comoquiera que en esta oportunidad –y en muchas otras- lo que abunda no daña, valga una vez más la felicitación a Juan Padrón por demostrar qué es la educación y cuánto puede hacerse desde el arte por trasmitir los valores y los sentimientos de identidad, respeto, honradez y solidaridad.

En esta ocasión, sin embargo, quiero referirme a un tema que, aunque relacionado con el personaje de Elpidio Valdés, tiene que ver con otro importante asunto: la ortografía y la lectura. Y me explico inmediatamente.

Leer más …

Seminario Internacional “Enseñanza de la Lengua Española: gramática, escritura y oralidad. Los diccionarios”

En ocasión de celebrarse el aniversario 90 de la creación de la Academia Cubana de la Lengua.

Organizado por la Academia Cubana de la Lengua, la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, la Subcomisión Nacional de Español del Ministerio de Educación y el Departamento de Formación del Ministerio de Educación Superior. Con el auspicio de la Consejería Cultural de la Embajada de España en La Habana.

Conferencias magistrales de invitados extranjeros:

  • Ignacio Bosque. Catedrático de Lengua española. Universidad Complutense de Madrid.
  • María Antonia Martín Zorraquino. Catedrática de Lengua española. Universidad de Zaragoza.
  • Manuel Martí. Profesor Titular de Lengua española. Universidad de Alcalá.
  • Bruno Camus. Catedrático de Lingüística de la Universidad de Castilla-La Mancha
  • Concepción Maldonado. Profesora Titular de la Universidad Complutense de Madrid
  • Académicos y profesores universitarios cubanos estarán presentes para dar a conocer los resultados de las investigaciones en este ámbito. Entre ellos Maritza Carrillo y Marlen Domínguez.

Leer más …

Fidel rescató la dignidad

Autor: Miguel Barnet

El idioma es un instrumento esencial de conocimiento. Sus diversos registros arrojan luz sobre la formación de las culturas. Fijan un modo peculiar, un estilo y la entonación que define la lengua de los pueblos. En Cuba he­mos tenido grandes comunicadores a lo largo de nuestra historia. Maestros de la oratoria y dueños de la palabra. José Martí convencía con el fuego de su verbo cargado de imágenes poéticas y verdades absolutas. En su época nadie seguramente lo superó.¿Por qué hechizaba a todos? Porque en sus discursos había, junto al torrente metafórico, un pensamiento claro y la certeza de que la historia no la hacen solo los héroes, sino los pueblos.

Y completó la idea de Patria con su visión integral como símbolo de la Nación y de su designio histórico. Su palabra llegó a convertirse en acción. No por capricho Fidel Castro afirmó en La Historia me absolverá que Martí fue el autor intelectual del Moncada. Pre­co­nizó el destino de Cuba y vio como nadie la semilla del imperialismo regarse en las tierras de Nuestra América.
Leer más …