PARA CARILDA EN EL RECUERDO

 

 


 

Este homenaje a Carilda que le ofrece la Academia Cubana de la Lengua me permite traer ante ustedes, más que un análisis de su poesía, un testimonio de mi relación con su obra, con la cual intenté un primer diálogo hace muchos años, en una época en la que me encontraba yo comenzando mis lecturas en medio de mis estudios universitarios. Ya tenía yo ciertos criterios acerca de la poesía y conocía algunos textos de Martí, de Lezama, de Heredia y de autores no cubanos. Esos autores me habían permitido conocer páginas magníficas y tendencias expresivas que diferían notablemente de la estética de Carilda, si bien esta era heredera, aunque lejanamente, del romanticismo herediano, pero sustantivamente modificado por una modernidad que no está presente en el cantor de Niágara. Leí mucho por entonces de esos autores y me fui haciendo una manera de percibir la poesía con un especial rechazo a la tendencia noerromántica, representada entre nosotros por un autor muy célebre, pero para mí carente de interés: José Ángel Buesa, a quien años más tarde aprendí a estimar más allá de aquellas impresiones que tuve de su quehacer y que estaban dictadas por mi rechazo a la utilización de la poesía para conquistar mujeres. Esa línea expresiva estaba en el centro de la obra de Dulce María Loynaz, pero con una jerarquía mayor, de un vuelo mucho más alto que los años han venido a confirmar, y era asimismo la línea creadora del primer libro de un importante poeta posterior: Fayad Jamís, a quien no conocía yo por entonces más que de nombre. Pasaron los años y yo no me había vuelto a acercar a la poesía de nuestra autora en parte por falta de tiempo y en parte por aquel prejuicio contra el neorromanticismo, una escuela tan señaladamente pobre en los años sesenta, setenta y ochenta incluso en una figura tan notable como Pablo Neruda con su libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada, libro carente de interés para mí casi tanto como el resto de su obra no obstante la fama de que disfruta entre los grandes.

 

A mi distanciamiento de la obra de Carilda contribuyeron también las apariciones que ella hacía en televisión recitando sus poemas y no menos la devoción que despertaba entre tantos admiradores a los que nunca escuché elogiar de ese modo a Vallejo, a Martí o a Gabriela Mistral. No me gustaba esa imagen de escritora heterodoxa, supuestamente desinhibida, con aquello de “me desordeno, amor, me desordeno”, acogido casi siempre para la risa criolla sin más, y la risa me parece maravillosa, pero no tanto la banalidad. Ahora, a propósito de este homenaje, volví a su obra y me ha sorprendido cómo una mala lectura puede deformar a un autor y hacer que perdamos mucho de lo valioso que hay en sus páginas. Ese mismo texto en que aparece ese “desorden” hay una calidad muy respetable, y no menos en otros igualmente signados por un erotismo fuerte y dinamizante que ha constituido el centro de buena parte del quehacer literario de esta poetisa. En esos textos en los que la autora refiere parte de su experiencia amorosa hay una autenticidad que muchos querrían para su obra, y en especial un riquísimo imaginario que irrumpe en esos textos de manera inesperada, particularmente en un léxico que por momentos rompe el discurso y nos entrega inusuales asociaciones, distantes a veces de lo que en apariencia es el discurso central del poema, una apertura que nos conduce por un sendero que de pronto se nos ilumina, algo que en la experiencia lírica está actuando en la sensibilidad de la autora y que ella tiene necesidad de decirnos. La primera impresión que ese rasgo de su escritura puede producir en los lectores es la de que ha entrado en la trama erótica un elemento caótico, desestructurador, lo cual es quizá interpretado como una pulsión inconsciente, ajena al rigor del autocontrol de la persona que escribe, pero en mi criterio eso habla, de ser cierta esa valoración, de la genuina emoción que en ese momento vive esta mujer que lamenta y sufre la ausencia del ser amado, la ausencia de su seducción, tan intensa a todo lo largo del texto. Cuando esa experiencia es narrada en el poema es frecuente que la muerte haga acto de presencia como una violencia que el acontecer ejerce sobre la hermosa vivencia que se nos cuenta. Ese desequilibrio que aflora en el discurso pude ser interpretado como un factor subyacente en el delirio de la entrega amorosa, un factor que viene a ser como un destino inexorable cuya presencia alimenta continuamente el miedo de todo amante, la dualidad eros/tánatos, tan citada y estudiada. Hay momentos en los que sentimos que el poema cae, no mantiene la esbeltez y riqueza de otros de sus pasajes, como si hubiese faltado la mano depuradora de la expresión que habría dejado impoluto el poderoso testimonio lírico que tenemos delante, pero el impacto está ahí definitivo.

 

En mi criterio alcanza Carilda su mayor riqueza en las páginas en las que evoca a sus muertos amados, como su padre y su madre, a quienes dedica magníficos ejemplos de buen gusto y creatividad, a la altura de los mejores momentos de la mejor poesía elegíaca hispanoamericana. Leamos estos fragmentos de “Madre mía que estás en una carta”:

 

I

Madre mía que estás en una carta

y en un regaño antiguo que no encuentro,

quédate para siempre aquí en el centro

de la rosa total que no se aparta.

 

 

Madre mía que estás tan lejos, harta

de la nieve y la bruma, espera, que entro

a ponerte a vivir con el sol dentro,

madre mía que estás en una carta.

 

Puedes darle al misterio tu infinita

amistad con las sombras hechiceras:

puedes ser una piedra que se quita

 

o borrarme ahora mismo las ojeras,

pero, madre, recuerda nuestra cita:

¡no te atrevas a todo, no te mueras!

 

II

[…]

Mamá,

vuelve con el terral, entre en el tiempo,

aprovecha el milagro de la tarde;

te cogerá la mano zurcidora

aquel olor a piña,

has de encontrar en tu zaguán la areca

que se secó de echarle lágrimas.

[…]

Gracias a usted por su tiempo, su memoria, sus palabras.        

Hacia una historia de la lengua española

Presentación del libro Hacia una historia de la lengua española,

de Marlen A. Domínguez Hernández

<… estudiar historia de la lengua no es una actividad de erudición,

sino de formación.>

Luis Álvarez (Prólogo).

por Margarita Vásquez Quirós,

Academia Panameña de la Lengua

Agradezco a Marlen Domínguez y a la Editorial Universitaria Félix Varela la oportunidad que me brindan para presentar el libro Hacia una historia de la lengua española. No soy más que lectora gozosa de los temas tratados en este libro, un poco temidos, en general, en estos tiempos, incluso en las universidades. Esto lo digo, y puedo dar fe de ello. Creo que hay aprensión, para no decir temor (y tengo que morderme la lengua para no llamarlo ignorancia). Nace en aquel que no las tiene todas consigo cuando se enfrenta al cambio; y, particularmente, a los cambios provocados en las lenguas por las necesidades comunicativas que atraviesan el tiempo y el uso.

Por lo mismo, tengo que imitar los versos de Andrés Laguna citados en el epígrafe del capítulo titulado <Generalidades>: pensando que sabemos mucho sobre el tema, pecamos por no querer saber más. Y porque la experiencia me dicta lo que digo y porque admiro el trabajo incansable de los maestros dedicados, quienes son los que más necesitan de este libro, aplaudo con entusiasmo la adecuación a la docencia de una refrescante bibliografía y la creación de materiales para la docencia filológica y lingüística, tarea que no es fácil y que aquí se logra con creces en quienes más lo agradecen: los estudiantes.

Confío y espero porque este libro anuncia para las universidades una dirección metodológica para la formación de personal capaz de documentar y registrar los cambios lingüísticos, la variación, la evolución del español, que, como sabemos, es la lengua oficial de veintitrés países a los que habría que sumar un grupo más de hablantes disgregados por el mundo. Este adiestramiento parte del análisis de textos o de la caracterización de las principales tendencias de transformación en nuestra lengua, con la posibilidad de compararlas con otros idiomas con los cuales convivimos en nuestra aldea global. Este libro, con su disciplinado sello magistral de la Historia, con su generosa entrega de bienes intangibles, proyecta a otros niveles de análisis los conocimientos gramaticales del español, el latín, las diferentes literaturas en lengua española (que, a su vez, arrastran consigo elementos culturales relacionados con la lingüística, la sociolingüística, la comprensión de la metodología de la investigación o la estilística y prepara para el análisis del discurso o la lexicografía). Leer más …

Convocatoria al XVII premio iberoamericano de cuento julio cortázar

El Instituto Cubano del Libro, la Casa de las Américas, y la UNEAC, con el auspicio del Ministerio de Cultura de la Nación Argentina y la Fundación ALIA, convocan a la décimo séptima edición del Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, creado por la prestigiosa escritora y traductora lituana UgnéKarvelis.

Este premio, que tiene una frecuencia anual, fue concebido como un homenaje al gran escritor argentino, uno de los mayores de nuestra lengua, y tiene el objetivo de estimular a los narradores de todo el mundo que escriben en lengua castellana.

Los interesados deben presentar un cuento inédito, de tema libre, que no esté comprometido con ningún otro concurso ni se encuentre en proceso editorial. Los autores enviarán tres copias del cuento, cuya extensión máxima no debe sobrepasar las 20 cuartillas mecanografiadas a dos espacios y foliadas. Los relatos estarán firmados por sus autores, quienes incluirán sus datos de localización. Es admisible el seudónimo literario, pero en tal caso será indispensable que lo acompañe, en sobre aparte, con su identificación personal.

Las obras deberán ser enviadas, antes del 30 de julio de 2018 a:

Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, Centro Cultural Dulce María Loynaz, 19 y E, Vedado, Plaza, La Habana, Cuba.

O a:

Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, Casa de las Américas, 3ra, esquina a G, Vedado, Plaza, La Habana, Cuba.

El jurado estará integrado por destacados narradores y críticos. Se conocerá su decisión en agosto de 2018. Se otorgará un premio único e indivisible que consistirá en diploma acreditativo, mil (1 000.00) USD -o mil (1 000.00) CUC, si el autor reconocido es cubano-, la publicación del cuento premiado en la revista literaria La Letra del Escriba,  tanto en su versión impresa como electrónica, así como su publicación en forma de libro junto con los relatos que obtengan menciones, volumen que realizará la Editorial Letras Cubanas y será presentado en la Feria Internacional del Libro de La Habana de 2019.

La premiación se efectuará en La Habana el 26 de agosto de 2018, aniversario del natalicio de Julio Cortázar.

Su presidente de honor es Miguel Barnet y la coordinadora general, Basilia Papastamatíu.

 

José Enrique Rodó, entre Próspero y Ariel

Dr. Roberto Méndez Martínez

A inicios de 1917 llegó al Hotel des Palmes en Palermo un extranjero muy raro. Desgarbado, meditabundo y con todas las señas de un misántropo, pronto se convirtió en un enigma para los huéspedes y el personal de aquel sitio. Según unos era un aristócrata arruinado, según otros un burgués avaro, aunque la mayoría sencillamente aseguraba que era un loco. Dejó pasar meses sin asearse ni recortarse la barba, cada vez más hosco y maloliente. La administración sintió un evidente alivio cuando fue preciso trasladarlo al hospital San Saverio, donde falleció, el 1 de mayo de aquel año, de una nefritis mal cuidada. Tampoco las autoridades de su país tenían demasiado interés en el personaje. Tardaron tres años en repatriar sus restos a su tierra natal, Uruguay. José Enrique Rodó, el escritor modernista al que sólo Rubén Darío pudo superar en celebridad y ediciones en vida, había muerto lejos de la América que quiso proteger de la voracidad norteamericana y refundar bajo la égida de utópicas élites culturales. Leer más …

Cepos de la memoria, un libro necesario

Por: Reynaldo González

 

Pido excusas si al abordar el libro que ha merecido el premio de la Academia Cubana de la Lengua en el año 2016 no comienzo alabando sus notables virtudes, a las que me referiré. Cepos de la memoria. Impronta de la esclavitud en el imaginario social cubano, de Zuleica Romay, no es solamente un libro bueno y bien escrito, al punto de merecer el reconocimiento conquistado. Es un texto de significación alta en el panorama actual de las publicaciones cubanas, pareado a su antecesor Elogio de la altea o Las paradojas de la racialidad (2012), sobre un tema que siempre ha sido una piedra de tope en la sociedad cubana, merecedor de espléndidos abordamientos, en los que se empeñaron talentos extraordinarios. En sus páginas se observa el conocimiento que la autora tiene de esa literatura anterior, muy crecida en las últimas décadas. Leer más …

Julián del Casal y la música del porvenir

Por:Roberto Méndez Martínez

 

La música no ocupa en la obra de Julián del Casal un sitio capital como ocurre con las artes plásticas. Como cronista, debió reseñar con frecuencia conciertos, veladas benéficas, representaciones líricas; en la mayoría de esos textos se hace evidente que fueron escritos por obligación y que el autor no eligió libremente asistir a tales actos.

En La Habana de su tiempo, además de los bailes de moda, el panorama musical está dominado por la ópera, no sólo gracias a las temporadas del Tacón, a cargo de compañías extranjeras, sino porque en la mayor parte de las sociedades y salones de casas particulares, los aficionados interpretan fragmentos de obras líricas y los pianistas nutren su repertorio de “fantasías” sobre las óperas de moda. Sólo en ocasiones muy especiales es posible reunir una orquesta sinfónica, lo habitual es escuchar las retretas de las bandas y cuando alguien se refiere a los compositores más relevantes del siglo citan a Rossini, a Bellini, a Verdi, cuando no a Offenbach, Auber, Lecoq y otros cultivadores de la opereta y el vaudeville francés, sin olvidar a Emilio Chueca y demás autores de zarzuelas españolas. Los grandes creadores románticos, desde Beethoven y Schubert hasta Chopin y Liszt solo eran conocidos por una minoría muy selecta de melómanos y las corrientes renovadoras en la música representadas por autores como Wagner y Debussy, solo comenzaron a entrar en los programas de concierto, con mucha lentitud, con el advenimiento del siglo XX.

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Un cuervo de blanco plumaje en la filología hispanoamericana.

Apuntes sobre Rufino José Cuervo

Por: Maritza Carrillo Guibert

Günther Schütz, reconocido compilador del epistolario de Rufino José Cuervo con eminentes filólogos europeos, recoge un pasaje sobre los vínculos del bogotano con el germanista Friedrich Pott con el que deseamos comenzar nuestras palabras de reconocimiento a la figura y a la obra de Cuervo. Nos cuenta Schutz que, Cuervo decidió enviarle un ejemplar de la segunda edición (aumentada y corregida) de sus Apuntaciones al lenguaje colombiano con el propósito de oír los comentarios del especialista sobre la obra. Al recibirla, Pott expresó que el descubrimiento de un filólogo de la talla de Cuervo en (una entonces ignorada porción del mundo para los científicos europeos) le resultaba tan rara como la aparición de un cuervo de blanco plumaje. Pero no sería Pott el único sorprendido, pues Cuervo había tenido el acierto de hacer circular sus Apuntaciones… entre otros especialistas alemanas con el propósito de establecer una relación profesional que contribuyera a enriquecer su obra con oportunas y sólidas observaciones, así como también a ampliar su formación en la ciencia del lenguaje. Leer más …

Gratitud a la Academia Cubana de la Lengua

Palabras ante la Academia Cubana de la Lengua
Por Francisco Javier Pérez, Secretario General de la ASALE

Quisiera comenzar diciendo que me siento muy contento de estar hoy participando en la celebración del 90 aniversario de la honorable Academia Cubana de la Lengua, por todo lo que este festejo tiene de relevante para la propia corporación habanera y, también, por todo lo que tiene de significativo para la Asociación de Academias de la Lengua Española y, en consecuencia, para el panhispanismo lingüístico y literario que hoy rige nuestros destinos. Parafraseando las palabras escritas por José Martí al frente de la Revista Venezolana, que edita en 1881, durante su benéfica estadía en Caracas, cuando lo tuvimos entre nosotros para vindicarnos en favor de una América libertaria y para recordarnos que los venezolanos nos echamos a levantar pueblos por el norte en contra de la tiranía (como harían los argentinos por el sur);

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Palabras ante la Academia Cubana de la Lengua-Darío Villanueva, director de la RAE y Presidente de ASALE

Participar como presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española en este acto conmemorativo del nonagésimo aniversario de la Academia Cubana de la   Lengua me llena de orgullo y de gran satisfacción. Volver a Cuba es siempre una regalía para mí, incluso por motivos de nostalgia familiar a los que me referiré en el transcurso de esta misma sesión.

Estamos en año también de conmemoración cervantina: el cuatricentenario de la muerte del autor de El Quijote. Cierto que a lo largo de mi vida me he visto alguna que otra vez, al igual que Sancho Panza, mandado a administrar ínsulas, y siempre tuve presente el consejo que don Quijote le proporcionó en semejante tesitura: “has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey”. Estas últimas palabras las tengo aquí y ahora muy presentes cuando me dirijo a ustedes como presidente de ASALE.

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La Academia Cubana de la Lengua llega a las nueve décadas

Por: Roberto Méendez

El segundo lunes de cada mes es habitual ver ingresar a mitad de la mañana a un grupo de reconocidos intelectuales cubanos en el Colegio Universitario San Gerónimo. Asisten a la reunión ordinaria de la Academia Cubana de la Lengua que, en este año, cumple nueve décadas de existencia. Se trata de una de las instituciones culturales de más larga y sostenida trayectoria en el país que ha sobrevivido a muchas crisis pero sin interrumpir jamás sus labores.

La institución nació en 1926 gracias a las gestiones de varios notables escritores cubanos. En primera instancia el jurista e investigador Fernando Ortiz y el filólogo y animador cultural José María Chacón y Calvo se propusieron darle vida y contaron con el apoyo del poeta Manuel Serafín Pichardo, por entonces embajador en España. No sin dificultades, lograron conformar un listado de personalidades que sometieron a la dirección de la Real Academia Española y esta dio su visto bueno para que en la Mayor de las Antillas comenzara a funcionar una agrupación correspondiente. Aunque la fecha oficial de fundación fue el 19 de mayo de 1926, cuando obtuvo la aprobación en Madrid, su primera reunión en La Habana tuvo lugar el 2 de octubre siguiente.

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