Información de la Academia Cubana de la Lengua

 

La Academia Cubana de la Lengua tiene el placer de informar que el acto de ingreso como su Miembro de Número, de la acuciosa investigadora de nuestra literatura, Cira Romero Rodríguez, será el lunes 10 de septiembre a las 3:00 p.m. en el teatro del Museo de Arte Colonial, ubicado en la Plaza de la Catedral. El mismo será de carácter público y solemne. Los títulos de los discursos de ingreso y de recibimiento son, respectivamente, “Lino Novás Calvo: entre la certeza y la incertidumbre” y “Lino Novás Calvo leído por Cira Romero”, a cargo del Académico de Número y Premio Nacional de Literatura, Reynaldo González Zamora.

JUNTA DE GOBIERNO

El lenguaje es política

La vicepresidenta Carmen Calvo promete su cargo aludiendo al Consejo de Ministros y Ministras. POOL/EFE

Ridiculizar el lenguaje no sexista es una forma grotesca de defender una posición de poder

 

Isabel Muntané
16 AGO 2018 – 00:00 CEST
El País

Hablar de lenguaje no sexista levanta ampollas que nada tienen que ver con las palabras, la gramática o la lingüística y mucho con el poder y la política. El lenguaje es ideología, representa una sociedad y una cultura y, por supuesto, representa un poder. Renunciar al lenguaje sexista es renunciar a continuar ejerciendo el poder. Y ahí es donde encontramos la resistencia numantina de quien custodia el sistema patriarcal. No defiende el lenguaje. Está defendiendo una ideología y estamos hablando de política por mucho que nos quieran hacer ver otra cosa. Hablemos claro, el corporativismo masculino está defendiendo la mirada androcéntrica, patriarcal y machista que los sitúa, a ellos —porque mayoritariamente son hombres— en el centro del poder.
La lengua, y con ella el lenguaje, evoluciona de acuerdo a las necesidades de cada época. Tiene la capacidad de reflejar la realidad y también de ayudar a construirla. Por ello mismo, necesita adaptarse a los cambios y si no lo hiciera seríamos incapaces de comunicarnos. Aún estaríamos hablando de abarrir en vez de destruir; de dolioso en vez de dolorido o de hisopo en vez de húmedo, o de darve, citerior, gumía o zacatín, por poner unos ejemplos. ¿Quién nos entendería? Nadie, o quizás sólo las personas que ocupan los sillones de la Real Academia Española. Parece que hay paladines de la lengua que no quieren admitir la capacidad de renovación, evolución y adaptación que lleva implícita cualquier lengua. Peor aún, defienden la inmovilidad como un valor en positivo en vez de una debilidad manifiesta y contraria a la esencia de toda lengua.

Y en esta defensa nos encontramos periódicamente con campañas agresivas y absurdas que usan falacias y ataques furibundos para ridiculizar los argumentos de quienes defendemos el lenguaje no sexista. Nos dicen que el genérico masculino, en tanto que género no marcado, es inclusivo del femenino. Pues les decimos que no, que no lo incluye ni lo pretende. El masculino a veces es específico y a veces genérico. Requiere de un esfuerzo para entender cuando incluye a unos y otras o solo a unos, e incluso sólo a unas. Ya somos muchas las mujeres —y algunos hombres— que no nos sentimos incluidas —así, con a— en este masculino gramatical. Entendemos que este masculino es, sencillamente, un instrumento para invisibilizar, silenciar y menospreciar a las mujeres y así perpetuar un patriarcado que no nos quiere con voz, ni en el espacio público, ni en la toma de decisiones. Esta es la verdadera intención que subyace en el mal llamado masculino genérico.
Y si vamos de las falacias argumentativas a los ejemplos concretos, la situación llega al ridículo cuando se satirizan las formas dobles. Volvemos a repetirlo, no estamos a favor del uso indiscriminado de las formas dobles; ni tampoco queremos hablar de cebros y cebras; de jirafas y jirafos o de señoro y periodisto, ni estamos en contra de la economía del lenguaje, a la que defendemos con ahínco desde el periodismo. Pero sabemos que el lenguaje tiene múltiples recursos para expresar la realidad sin necesidad de señalar el sexo o de recurrir a las formas dobles, que dicho de pasada, se hacen servir con más frecuencia de lo que parece y nadie se sorprende cuando se dice “señoras y señores”. Podemos utilizar genéricos, nombres abstractos y epicenos; substituir el nombre por un pronombre; utilizar determinantes sin marca de género; elidir el sujeto; eliminar el artículo… y así hasta una infinidad de mecanismos que determinados lingüistas y académicos —con o— parecen ignorar.
Esto, señores, es lo que hacemos, y ridiculizar la propuesta feminista de lenguaje no sexista es una forma perversa y grotesca de defender una posición que, se diría, no tiene argumentos. Ustedes lo saben bien. No estamos hablando de lenguaje, hablamos de ideología y de política. Porque a través de la lengua nos construimos, nos socializamos e interpretamos el mundo. Si las mujeres no aparecemos ¿dónde estamos? Ocultas, silenciadas, en casa. Como nos quiere el patriarcado. Así que, señores, no es que confundamos la gramática con el machismo, es que el uso académico de la lengua, que no ella, es machista, y en consecuencia el lenguaje, entendido como la capacidad humana que conforma el pensamiento, perpetúa este machismo. Y, sí, el lenguaje no sexista es un arma ideológica y política capaz de reflejar otra realidad y contribuir a la destrucción del poder patriarcal. Y claro, esto duele. Lo sabemos.

Tomado Perìodico El Paìs

Isabel Muntané.

Periodista y codirectora del máster Género y Comunicación (UAB).
16 AGO 2018 – 00:00 CEST
El País

/https://elpais.com/elpais/2018/08/07/opinion/1533666589_152469.html

Elegidos cuatro nuevos Miembros Correspondientes de la Academia Cubana de la Lengua

 

Elegidos cuatro nuevos Miembros Correspondientes de la Academia Cubana de la Lengua

En el pleno efectuado el pasado 14 de mayo se aprobaron las cuatro propuestas presentadas de nuevos Miembros Correspondientes de la ACuL, tres en el extranjero y uno en el territorio nacional. Son ellos Guillermo Rojo y Antonio Briz, de España, Alfredo Matus Olivier, de Chile, y el cubano Pedro de Jesús, de Sancti Spíritus. Los extranjeros ingresarán durante su estancia de enero de 2019 como invitados especiales al Seminario Internacional cuya convocatoria se muestra en este sitio. El acto de ingreso de Pedro de Jesús se producirá en el tercer cuatrimestre de este año.

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Cuidar el lenguaje es cuidar el pensamiento

Aunque los tiempos no estén para andar haciendo confesiones personales, quede la siguiente como testimonio de honradez al menos. La primera noticia que el autor de este artículo tuvo sobre la supresión de la prueba de lengua española en exámenes de ingreso a los Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas —a la universidad, llegó a decirse—, la recibió por vía oral, y él pensó: “¡Otra bola para crear confusiones y desprestigiar a la Revolución Cubana, y nada menos que en el sistema educacional, uno de sus pilares!” Pero esta vez, lamentablemente, lo que circulaba no era una nueva expresión de tantos rumores como los que ha sido necesario refutar para combatir a enemigos externos o domésticos. Era cierto lo tocante a los mencionados institutos.
Esos centros constituyen una relevante puerta de acceso a la universidad en Cuba, y lo que se decida para ellos puede tener repercusiones que los desborden. No son la única vía para hacerlo —de otras aulas salen también alumnos brillantes—, pero forman lo que está llamado a ser una cantera fundamental de profesionales para el país, especialmente en el área que el nombre genérico de dichos institutos señala: las denominadas ciencias exactas, que no son las únicas, pero tienen prioridad en ellos y particular significación para el ámbito tecnológico y otros afines.
A las confirmaciones sobre la medida mencionada se sumó una declaración emitida el 17 de abril último por la junta de gobierno de la Academia Cubana de la Lengua: http://www.acul.ohc.cu/consideraciones-acerca-de-la-eliminacion-del-examen-de-espanol/. Tampoco se habían hecho esperar diversos comentarios que iban por igual o similar camino y, desde que se dio a conocer, el pronunciamiento de la Academia ha suscitado justas aprobaciones. Ese organismo cumplió su deber, cuando no siempre todas las instituciones cumplen el suyo en plenitud y con tino, y ratificó una verdad insoslayable: cuidar el lenguaje es cuidar el pensamiento. Con ello defendió a la patria y su sistema educacional.
Según se sabe, la supresión este año del español en las pruebas para el ingreso a los mencionados institutos ni siquiera puede disculparse argumentando que fue impensada. De haberlo sido, también merecería rechazo; pero se pensó, solo que, a juicio de quien esto escribe, y de no pocas otras personas que se han manifestado sobre el tema, se pensó mal. El mismo día en que conoció el pronunciamiento de la Academia el articulista lo reprodujo en su página de Facebook, y le han llegado comentarios que merecen atención en su totalidad. Si no cita ninguno es por los apremios del espacio, pero aspira a que todos se sientan representados en lo que aquí sustenta.
El clamor de repudio contra la medida tomada ha sido y está siendo amplio, y nuestra Academia no ha hecho más, ni menos, que apoyarlo con un peso institucional que sería más que irresponsable desconocer. Deben tenerlo en cuenta los implicados en una decisión que ha merecido calificarse como torpe cuando menos, o de lesa cultura. Lo sería, cabe suponer, en cualquier momento, pero lo es aún más cuando pululan errores y horrores que son como para echarse a llorar, o a correr para tratar de erradicarlos.
Quien desee conocer esa realidad y no vivir en el limbo de las resignaciones y la ignorancia voluntaria, solo tiene que asomarse a textos que corren en internet y en otros soportes diversos, editados incluso. A veces no sería acertado hablar siquiera de mala ortografía, sino de un caos heterográfico que amenaza con babelizar el español. Se dice que no ocurre solamente en este idioma, pero de él se trata, y esa lengua no le pertenece solamente a Cuba, ni al país donde nació y por obra y gracia del colonialismo lleva su gentilicio por nombre, sino a una de las mayores comunidades lingüísticas y literarias del mundo.
La referencia explícita a textos impresos obeece al valor documental que ellos tienen para valorar el asunto, no porque se piense que la expresión oral anda por mucho mejor camino en jóvenes y no jóvenes. Aunque al decirlo quisiera uno limitarse a desastres que pudieran estimarse solamente formales, entre forma y contenido funciona una unidad orgánica. Eso es algo que no deben ignorar quienes alguna vez hayan blasonado, o blasonen hoy, de defender el materialismo dialéctico, aunque para ser consciente de tal hecho pudieran bastar el extraordinario sentido común y conocimientos elementales.
Ejemplos de dislates que apuntan a la urgencia de perfeccionar —nunca descuidar— la enseñanza y el conocimiento de la lengua abundan por todas partes en Cuba, y en grado alarmante son palmarios incluso en personas que tienen alto grado de responsabilidad profesional en esa esfera. Para no ir más lejos, basta mencionar la frecuencia con que se sufren errores de concordancia elemental en el plano de la gramática, o la alteración radical del sentido en expresiones tan comunes como favoritismo y dar al traste con, mal empleadas con el uso que les corresponde a ventaja y a propiciar, respectivamente.
Es ineludible insistir en un ejemplo de algo todavía más grave, y que va resultando una epidemia ya: el empleo de humanitario como sinónimo de humano, cuando aquel adjetivo califica a lo que es beneficioso para la humanidad, para las personas. En medios de comunicación y hasta en altos podios políticos se habla de crisis y desastres “humanitarios”. Tal error sirve para avalar la calificación de humanitarias dada por el imperialismo estadounidense y su lacaya OTAN a intervenciones que esas fuerzas genocidas llevan a cabo para masacrar pueblos y robarles sus riquezas naturales. ¿No viene de ahí la manipulación de ese calificativo? Aceptarla por error o ignorancia no resta gravedad al asunto. Quizás la refuerce.
Frente a semejante realidad, ¿qué es la pobreza idiomática apreciable cuando en la pantalla del televisor comunicadores y entrevistados aparecen usando un idioma que se diría de muñequitos y comienzan sus parlamentos con giros de este corte: “Decirles que…”? ¿Dónde quedó el antecedente que exprese la intención real del infinitivo decir? Así como tampoco nadie, y menos supuestos defensores del materialismo dialéctico e histórico deben, ignorar la unidad orgánica que opera entre pensamiento y lenguaje, ¿no se aprecia en esa pobreza expresiva una señal de pobreza de ideas?
Ante esos hechos, las instituciones y las autoridades responsabilizadas con fortalecer el buen uso del español en Cuba no deben permitirse acto alguno que menoscabe el efecto de sus funciones. Si hasta ahora las pruebas de ingreso a los institutos ya mencionados, y a la universidad, han revelado deficiencias, alarmantes incluso, en lo que respecta al español, la solución no es eliminar las mediciones que evidencien crisis, sino fortalecer los planes de enseñanza y la preparación de quienes —desde el aula hasta la cúpula de los ministerios correspondientes— deben garantizar la calidad de la enseñanza. Para eso es también necesario, lo recuerda la Academia Cubana de la Lengua, estimular la inteligencia y la voluntad de aprendizaje del estudiantado, no acomodarlas hasta que entren en letargo. Por ese camino pudieran más bien extinguirse.
Eliminar exámenes, como ahora intenta hacerse —o ya se ha decidido con una medida a la que urge dar marcha atrás—, equivale, acudamos al lenguaje popular y culto, a tirar por la ventana el sofá, o la bañera con el agua sucia y el niño dentro. En términos más técnicos, o literales, de algún modo equivaldría a retomar o seguir validando el síndrome del promocionismo, que tanto le ha costado y pudiera seguir costándole al país, con independencia de las intenciones con que ese morbo se haya propiciado: un morbo que da al traste con los irrenunciables propósitos de índole cualitativa que deben ser rectores en la instrucción y en la educación, y confiere favoritismo a la ignorancia.
Aducir que se trata de viabilizar el acceso a las aulas a futuros profesionales de determinadas áreas de la ciencia y la tecnología supone, cuando menos, un grave déficit cultural por parte de quienes propician el dislate, o lo aceptan. Si lo que se quiere fomentar no es un indeseable proyecto para fabricar emigrantes, esos profesionales deben preverse como parte, en primer lugar, de Cuba y, por consiguiente, de la comunidad lingüística hispanohablante. La sabiduría científica no parte del aire, ni se afinca en él: es una etapa superior del conocimiento, que empieza por ser elemental y cotidiano y se extiende a esferas cada vez más altas y complejas.
Si el profesional no conoce bien su idioma —y no es cuestión de dominar tecnicismos o saber dibujar cuadritos de gramática estructural, aunque unos y otros pueden ser muy beneficiosos para el buen pensamiento—, ¿cómo va a interpretar rectamente los fenómenos y explicárselos a sí mismo? ¿Le bastará dialogar solamente con la pantalla de su computadora? ¿Entendería así de manera cabal todo cuanto puede llegarle por esa vía? ¿Podrá creer que para ser científico o tecnólogo le bastan las jergas y abreviaturas que ha empleado para intercambiar ágiles mensajes por el correo electrónico o el teléfono celular? Mucho más, ¿cómo va a comunicarse con la comunidad científica? No está de más recordar la sabiduría integral que ha caracterizado a quienes han sido paradigmas en el plano del conocimiento. Y los paradigmas no están para ser elogiados y olvidados, sino para respetar lo que enseñan, y tratar de seguirlo.
¡Ah!, pero no tarda en asomar el fantasma de la lingua franca imperial que se ha entronizado en el mundo. Aparte de que los malos hábitos y la ignorancia en el uso de la lengua madre pueden trasladarse nocivamente al aprendizaje y el empleo de otros idiomas, vale detenerse en algunos elementos valorativos. A ningún nivel de la nación se debería estimular acríticamente, como acto de inercia irreflexiva, el conocimiento de otros idiomas, conocimiento en sí mismo útil, valioso, aconsejable, y no solo si se trata del inglés. Es necesario favorecer en todo caso la asunción de perspectivas culturales adecuadas, incluidas las de índole histórica y política. Ya hay en Cuba centros privados de enseñanza donde el inglés se les enseña a niños y niñas del país como si residieran en Miami o en Nueva York. Aunque solo fuera frente a eso, algo les corresponde hacer a las instituciones nacionales.
No se habrá repetido lo bastante: el privilegio de que goza hoy la lengua inglesa no se debe solo ni principalmente a las grandezas de William Shakespeare y Walt Whitman. Grandezas tendrán o tienen los demás idiomas, el sobresaliente español entre ellos, honrado por las de Miguel de Cervantes, José Martí, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rubén Darío y otros. El paso avasallador del inglés se basa, sobre todo, en el poderío económico, político, tecnológico, mediático y bélico de un imperio que se expresa en ese idioma. No es una realidad que se deba soslayar, como si la cultura fuera algo tan abstracto y aséptico que no se requiriese estar advertido de cuanto ocurre en el planeta.
Cuando hace unos siglos el latín se usaba como lingua franca de las ciencias, ya no se rendía pleitesía a ningún imperio que se comunicara en ese idioma, y este hace un todavía mayor número de siglos que dio lugar a otros: los romances, como el español. Hoy, con el inglés, la realidad es diferente. No se trata de no usarlo, ni de darle la espalda, como algún “cosmopolita posmoderno” pudiera pretender que los presentes apuntes proponen. Pero no se piensa aquí en interlocutores tales, sino en lo mejor del pueblo de Cuba, y en quienes de cualquier modo tengan la posibilidad y el deber de actuar para que se revierta una decisión que, de solo estar vigente un año, ya sería impertinente y puede acarrear consecuencias lamentables, como sucede con cualquier error introducido en el sistema educacional. Ni pensar en lo que ocurriría si se permitiera que dure más de un curso, o devenga pauta para el ingreso a la universidad.
La indeseable medida confirma que no solo en lo más explícita o directamente económico puede asomar la oreja peluda, lobuna, del pragmatismo, forma de pensamiento —o falta de él— característica del actuar capitalista. Menospreciar o relegar el español en Cuba hace recordar tristemente el Plan Bolonia, tan combatido en Europa por pedagogos y otros profesionales de actitud revolucionaria, emancipadora, y tan propulsado por quienes pretenden eliminar todo lo que estiman ajeno a la finalidad de formar tecnócratas, ejecutivos y otros representantes del capitalismo. El ateo convencido que esto escribe pide perdón para decir: ¡Dios nos ampare!

Luis Toledo Sande

Cubarte, 30/abril/2018

ACERCA DE LA NECESIDAD DE LOGRAR LA MEJOR COMPETENCIA LINGÜÍSTICA EN IDIOMA ESPAÑOL

 

El Consejo Científico de la Universidad de La Habana en su reunión del miércoles 25 de abril de 2018 conoció del documento producido por la Academia Cubana de la Lengua

“Ante la medida tomada por las autoridades del Ministerio de Educación acerca de la eliminación del examen de Español como requisito de ingreso a los Institutos Preuniversitarios de Ciencias Exactas”, remitido por el Prof. Dr.C. Rogelio Rodríguez Coronel, Miembro de Honor de este Consejo y director de esa organización.

Después de un profundo y multifacético intercambio al respecto se ha consensuado expresar que:
1. La calidad de la comunicación mediante el idioma materno es un aspecto determinante en la capacidad de asimilación y expresión de conocimientos de cualquier índole y en la propia condición del ser humano como tal. Merece por ello la máxima atención en todas las entidades de nuestra sociedad, y en particular aquellas responsabilizadas en formar las habilidades necesarias entre las nuevas generaciones de ciudadanas y ciudadanos, desde la educación preescolar hasta la de postgraduación universitaria.

2. Son perceptibles deficiencias importantes en la competencia lingüística de muchos
estudiantes de variadas disciplinas y de adultos que han obtenido títulos de graduación de diversos niveles de enseñanza, incluidos algunos cuyo ejercicio idiomático se hace público y
masivo por las funciones que desempeñan. Esto debería conducir a la máxima jerarquización educativa y social de este aspecto como requerimiento inexcusable para calificar a las personas en la obtención de las titulaciones académicas, su eventual nombramiento para diversos cargos y para el ejercicio de funciones públicas de cualquier índole.
3. Las organizaciones socialmente encargadas de formar a las cubanas y cubanos revolucionarios, cultos, y solidarios que requiere nuestra sociedad pueden aprovechar la existencia de cada vez más avanzadas tecnologías de la información y las comunicaciones para los fines de formación y perfeccionamiento constante de sus capacidades lingüísticas, en cumplimiento del Lineamiento n. 122 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución para el Período 2016-2021. La generación y uso de aplicaciones informáticas para el aprendizaje y ejercitación de estas habilidades debe ser una tarea prioritaria. Igualmente pueden desarrollarse ejercicios de socialización en la red de forma que se potencie la calidad idiomática a través de la comunicación intrínseca a esta actividad. Esto tiene validez tanto para potenciar la imprescindible capacidad lingüística en la lengua española oficial del país, como para la máxima extensión del conocimiento y manejo de lenguas extranjeras indispensables para el progreso social contemporáneo.

El Consejo Científico
La Habana 10400, Cuba

Lista de e-mail: ccuh@lists.uh.cu; E-Mail: consejocientifico@rect.uh.cu

Libro a la carta, con Roberto Méndez, miembro de La Academia Cubana de La Lengua, a propósito de su aniversario 60

 

El poeta, ensayista, narrador y crítico, Miembro de la Academia Cubana de la Lengua, Roberto Méndez será el invitado, a propósito de su aniversario 60, del programa cultural Libro a la carta, a cargo del periodista y crítico Fernando Rodríguez Sosa, el jueves 26 de abril, a las cuatro de la tarde, en la Librería Fayad Jamís, en Obispo 261, entre Cuba y Aguiar, en La Habana Vieja.

Autor de más de una treintena de libros, en su bibliografía aparecen títulos como el poemario Viendo acabado tanto reino fuerte, el ensayo José María Heredia, la utopía restituida y la novela Ritual del necio.

Numerosos reconocimientos, concedidos dentro y fuera de la isla, avalan el ejercicio intelectual de Roberto Méndez, entre ellos el Premio Alejo Carpentier de Novela y Ensayo, el Premio de Poesía Nicolás Guillén, el Premio Internacional de Ensayo Bicentenario de José María Heredia, el Premio Internacional de Ensayo Mariano Picón Salas y el Premio de la Crítica Literaria, este último alcanzado en varias ocasiones.

Doctor en Ciencias sobre Arte por el Instituto Superior de Arte, Roberto Méndez, quien nació en Camagüey, en 1958, es miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua y correspondiente de la Real Academia Española.

Libro a la carta es un espacio mensual, creado en el año 2000, en la sede de la Librería Fayad Jamís, con el propósito de establecer un diálogo con los escritores cubanos contemporáneos, quienes enriquecen con sus obras la literatura insular contemporánea.

Este Libro a la carta, con el poeta, ensayista, narrador y crítico Roberto Méndez, en ocasión de su aniversario 60, el jueves 26 de abril, a las cuatro de la tarde, en la Librería Fayad Jamís, en Obispo 261 entre Cuba y Aguiar, en el Centro Histórico capitalino, es con entrada libre.

La Habana, abril 2018
Dirección de Comunicación
Instituto Cubano del Libro

Consideraciones acerca de la eliminación del examen de Español

Ante la medida tomada por las autoridades del Ministerio de Educación acerca de la eliminación del examen de Español como requisito de ingreso a los Institutos Preuniversitarios de Ciencias Exactas, la Academia Cubana de la Lengua hace constar las siguientes consideraciones:
PRIMERO:
Sobre la base de principios fundamentales e irrenunciables acerca de la conveniencia de mantener una educación pública y laica, sin motivaciones económicas inmediatas que puedan sesgar su funcionamiento, con énfasis en el conocimiento y la ciencia, con un sentido de equidad que permita total acceso, y concebida como deber y derecho, hace ya varios años, los Ministerios de Educación y Educación Superior determinaron incluir el examen de español como requisito de ingreso a la universidad para todos los estudiantes que optaban por carreras, cualquiera fuera su índole, en el entendido de que como parte de los requerimientos profesionales imprescindibles se encuentra el dominio adecuado de la lengua materna.
Esta medida ha sido completamente justa y apropiada no solo dado el carácter patrimonial, identitario, simbólico y testimonial que la lengua materna tiene para todos los integrantes de una comunidad, sino también por la condición de habilidad profesional indispensable que el dominio de la lengua reviste.
SEGUNDO:
La competencia lingüística necesaria y suficiente de cada profesional para ejercer su especialidad con éxito no es equivalente, sin embargo, a contar con la capacidad para evaluar o tomar decisiones en temas lingüísticos que atañen a todos, para lo cual parece necesario el concurso de especialistas en la materia.
En los últimos años, en atención a criterios seguramente valiosos, aunque parciales, hemos asistido al abandono de la medición de la habilidad de dictado, fundamental para los profesionales; a la falta de estrategias efectivas en relación con el dominio de la lengua española, inversamente a la potenciación de las lenguas extranjeras, en particular el inglés; y a la falta de congruencia entre las posturas teóricas ante la lengua y las acciones prácticas en que ellas se manifiestan.
TERCERO:
Los instrumentos con que se cuenta evidencian, sin embargo, más allá de cifras y porcientos, manquedades reales en la formación de los futuros profesionales en cuanto a la ortografía y la distinción entre el código oral y el escrito, la capacidad para lograr una coherencia adecuada, sobre la base del manejo de los recursos cohesivos; la creatividad y disponibilidad de ideas para la construcción de textos; en resumen, que nuestros jóvenes aspirantes a carreras universitarias aún afrontan dificultades en el manejo de su instrumento expresivo, no solo ortográficas, sino de calidad de las ideas, de coherencia y cohesión, que demandarían una ejercitación mayor y más creativa, una evaluación más sistemática y consecuente, y, en particular, colocar la responsabilidad del conocimiento esencialmente en el propio alumno, en la medida en que ese aprendizaje se convierta en significativo para él. Los resultados, incluidos los obtenidos en el Español básico que se evalúa a los matriculados en los cursos para trabajadores y por encuentros como parte ya de su proceso formativo inicial, permiten afirmar que las medidas tomadas no han sido aún totalmente efectivas.
La preferencia por otras normas, los rasgos de inseguridad y los fenómenos de prestigio encubierto que revelan las investigaciones pudieran estar influyendo en la desatención de la lengua propia.
CUARTO:
La experiencia demuestra que mientras más independencia se da al estudiante, y más se le deja hacer, se toma en cuenta su opinión, o se reta su capacidad, más se desarrolla el joven, e incluso más disfruta lo que hace; en consecuencia, como se sabe que la posibilidad de pasar un examen para lograr un objetivo concreto se convierte en un incentivo para lograr habilidades lingüísticas como las comentadas, la decisión adoptada no favorece, más bien desestimula el interés del estudiante.
Las causas de la decisión parecen relacionarse con el rescate de los objetivos fundacionales de esos centros, la distribución de asignaturas por campos del saber, y la voluntad de dar mayor peso a las asignaturas específicas de interés del estudiante sin aumentar la cantidad de exámenes. Mientras existe un requisito de haber alcanzado 90 puntos en la Matemática y la ciencia específica seleccionada para poder optar por el IPVCE, no lo hay, en cambio, para la lengua.
Parece ocioso insistir en que la esencial fuente de conocimiento, que situamos en la observación, el estudio, la ciencia, una ciencia específica, la práctica… pasa necesariamente por una lengua: se piensa en esta lengua, se observa en la lengua, se trabaja en la lengua, se hace ciencia en la lengua. De ahí que si queremos formar científicos cabales no podamos descuidar este aspecto.
QUINTO:
Convendría pensar, entonces, en soluciones alternativas que respondan a los mismos objetivos: por ejemplo, que los estudiantes se examinen de Matemática e Historia en un primer nivel de selección, que sirva de filtro, y que para lograr el ingreso definitivo a la especialización examinen Español y la materia de su interés. También puede pensarse en un único examen con cuatro secciones de puntuación equitativa que sería calificado por los profesores de todas las materias. Otras ideas que contribuyan a mantener el requisito indispensable de lengua serían también valiosas.
Finalmente, en cualquier caso, la Academia Cubana de la Lengua expresa su desacuerdo con la decisión y reitera su disposición de colaborar, como lo ha venido haciendo, en cualquier empeño que contribuya al conocimiento y cultivo de la lengua propia.

La Habana, 15 de abril de 2018.
Junta de Gobierno

Día del idioma

 

La Academia Cubana de la Lengua celebrará el próximo lunes 23 de abril, Día del Idioma, con la tradicional ofrenda floral ante el monumento a Don Miguel de Cervantes Saavedra, a las 10:30 a.m., en el Parque San Juan de Dios, del centro histórico, ocasión en que hará uso de la palabra el Académico de Número Enrique Saínz de la Torriente.

A continuación, la Academia Cubana de la Lengua realizará una sesión abierta al público en el Aula Magna del Colegio Universitario de San Gerónimo, con la presencia de representantes diplomáticos de los países de habla hispana quienes leerán fragmentos de autores relevantes de sus literaturas en relación con la lengua que nos une. Actuará la Schola Cantorum Coralina dirigida por la maestra Alina Orraca.

HOMENAJE AL ANIVERSARIO 165 DEL NATALICIO DE JOSÉ MARTÍ

HOMENAJE AL ANIVERSARIO 165 DEL NATALICIO DE JOSÉ MARTÍ

El próximo viernes 26 de enero a las dos de la tarde, la Academia Cubana de la Lengua rendirá homenaje al aniversario 165 del natalicio de José  Martí, primera acción de su plan conmemorativo por el sesquicentenario del inicio de las Guerras de Independencia, con un acto que se  efectuará en el Aula Magna del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana. Las palabras iniciales estarán a cargo del historiador y pedagogo Dr. Eduardo Torres Cuevas,  Director de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí y Miembro de Número de la Academia Cubana de la Lengua.  De gran interés resultará la lectura comentada de textos de José Martí por los académicos Elina Miranda, Marlen Domínguez, Reynaldo González, Roberto Méndez y  Rogelio Rodríguez Coronel. El pianista y compositor Franco Rivero Bueno y el tenor Bernardo Lichilín interpretarán seis poemas del Apóstol musicalizados por el primero.

Feria del Libro rendirá homenaje a Eusebio Leal y tendrá a China como país invitado de honor.

 

La XXVII Feria Internacional del Libro, Cuba 2018, rendirá homenaje a Eusebio Leal, Historiador de La Habana y Premio Nacional de Ciencias Sociales 2016, y tendrá a China como país invitado de honor. Más de 300 invitados de 31 países confirmaron su participación a la cita, en La Habana del 1ro.  al 11 de febrero próximo.

La feria concluirá el día 13 de mayo en Santiago de Cuba, después de haberse celebrado en cada una de las provincias del país.

Entre las editoriales que estarán presentes se encuentran Ediciones Aurelia, Comics y Cuentos, Editora Popular, y Selvi Editores; Ediciones Boloña.

El Consejero Político del Embajada de China en Cuba, Yao Fei, adelantó que la delegación de su país traerá una representación de lo mejor de su cultura, y aseveró que el evento abrirá un nuevo espacio para el intercambio cultural y la cooperación entre ambos países.

Este evento mantiene como sede principal la Fortaleza San Carlos de la Cabaña, además de otras 22 subsedes en varios espacios de la capital.

La feria es un espacio para adquirir libros e intercambiar con autores, se reconoce como un referente para la exhibición, la comercialización y la promoción de la mejor literatura cubana, latinoamericana y universal.