Maritza Carrillo/ A PROPÓSITO DE LA HISTORIA DE LAS IDEAS GRAMATICALES Y SU ENSEÑANZA EN CUBA.

INTRODUCCIÓN

Para comenzar nuestra exposición quisiéramos hacer referencia a un pasaje de la novela Al cielo sometidos de Reynaldo González. Cuando Nebrija se presenta ante Isabel de Castilla con los folios en que quedaban establecidas las reglas para nuestra habla y escritura, la reina le formula esta pregunta al insigne gramático: «¿En qué pueden servir tales reglas?». Esa es precisamente la interrogante sobre la que ha girado el debate en torno a la utilidad de la gramática a través de la historia.

Las primeras referencias a la gramática en Cuba se remontan a 1797: tres siglos después de Nebrija y un poco antes del bautismo de la lingüística como ciencia con la aplicación del método histórico-comparativo. Desde esa fecha en que aparecen las primeras referencias al tema, la disciplina ha recorrido un largo camino y se ha ido nutriendo en su andar con los aportes de la ciencia del lenguaje. Actualmente la gramática ostenta apellidos diversos, en dependencia de la doctrina que sirva de base a las explicaciones, de los objetivos y del público a que vaya destinada. Hoy en día las gramáticas incorporan los resultados de las investigaciones dialectológicas y de corte sociolingüístico que se están realizando. Desde posiciones funcionalistas, generativas o cognitivistas asistimos al planteamiento de un conjunto de hipótesis dirigidas a intentar corregir el desajuste entre teorías lingüísticas y gramáticas pedagógicas, acortar la distancia entre los enfoques sincrónico y diacrónico y determinar el papel de la gramática en la enseñanza del español como lengua materna (L1) o como lengua extranjera (L2). El desafío para la disciplina sigue siendo qué, cómo, cuándo, por qué y para qué estudiar gramática.

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Anton Arrufat / Las virtudes del habla

 En el mes de agosto, que ya se avecina, la cifra de mis años se elevará a setenta y tres. Dada mi afición por los juegos pitagóricos y el simbolismo entre los números, he notado que la cifra termina en tres, la célebre tríada, y que tres son también los pocos discursos que he pronunciado, tras una larga vida dedicada a escribir, o como antiguamente se decía, consagrada a las letras.

   De esos tres Discursos, el primero lo pronuncié, también una tarde y hace varios años, durante la ceremonia en la que se me entregó el Premio Nacional de Literatura, y el segundo en la celebración de la Feria Internacional del Libro de La Habana, hace solamente unos meses. Ambos ocurrieron en la antigua fortaleza de La Cabaña. Y este que ahora digo, al ingresar en la Academia, completaría el número tres.

     Mientras redactaba aquellos primeros discursos, fui menos consciente de la futura presencia del público. Esta vez, como he asistido al ingreso de varios académicos y conocía de antemano el lugar en que debía pronunciarlo, durante el tiempo de trabajo que invertí escribiéndolo tenía muy presentes el lugar, la hora, y sobre todo la futura composición imaginaria de mi auditorio.

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Margarita Mateo Palmer / Las palabras como peces dentro de la cascada: Lezama Lima y el lenguaje

Pero quizás heredar a Lezama sea, sobre todo, asumir su pasión en los dos sentidos del término: vocación indestructible, dedicación, y padecimiento, agonía. Saber que el descifrador, precisamente porque impugna y perturba el código establecido, está condenado a la indiferencia o a algo que es peor que la franca agresión y el ataque frontal: la sorna.

Severo Sarduy

Ante la resistencia de la obra de José Lezama Lima al paso del tiempo, no puede menos que recordarse cómo en muchas ocasiones ésta fue objeto de burla, de chistes maliciosos y punzantes que tendían a la ridiculización de su figura. Las denominaciones de “negrito catedrático”, “boticario de provincia” y otros motes que se le adjudicaron, como el Buda de Trocadero –en alusión a su gordura, según explica Reynaldo González[1]–, no sólo revelan los prejuicios discriminatorios de quienes los pronunciaron, sino la evidente intención de descaracterizar la figura del gran intelectual cubano. Aún después de su muerte algunos no solo se han regodeado en un tipo de crítica “formalista exterior, fundamentada en gazapos y faltas gramaticales”[2], como el propio escritor calificó este tipo de acercamiento a la literatura refiriéndose a El regañón, sino han llegado a la sorna y la más ensañada burla. Después de hacer un recuento de algunas incorrecciones del lenguaje de Paradiso un académico de la Universidad de Bonn se ha señalado:

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Jorge Fornet / Discurso de ingreso en la Academia Cubana de la Lengua

Estimada Nancy Morejón, directora de la Academia Cubana de la Lengua; estimados compañeros:

Ante todo debo expresar el honor que significa para mí ser recibido en este sitio y ocupar un lugar junto a tantos colegas a quienes admiro, y cuyas obras han contribuido a enriquecer el ejercicio y estudio de la lengua que hablamos. A algunos, incluso, los tuve como profesores en mis ya lejanos tiempos de estudiante en la Universidad de La Habana. Les agradezco a todos la confianza que depositan en mí al invitarme a integrar esta Academia, y a Roberto Fernández Retamar, maestro, colega y amigo, su generosa disposición a responder este discurso, estímulo adicional para estar a la altura de la encomienda que recibo hoy.

No puedo pasar por alto el privilegio que significa ocupar el sillón que antes perteneciera al poeta, investigador y ensayista Ángel Augier, quien dedicó su larga y fecunda vida –desde que en 1932 apareciera su primer poemario– a la creación literaria y a empeños críticos tales como el estudio de la obra de Nicolás Guillén. La fructífera labor de Augier al frente de la Revista de Literatura Cubana y como vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba favoreció el apoyo a creadores y la difusión de lo más valioso de nuestra literatura. Su consagración a ella es también un reto que asumo esta tarde.

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