Elogio de Leonardo Padura

 

 

Éramos jóvenes y arriesgados. Arriesgados ellos que cuestionaban, discutían y polemizaban, poniéndolo todo en duda. Arriesgada yo que impartía por primera vez un curso de literatura latinoamericana y me veía obligada a improvisar en clase, a partir de sus preguntas, comparaciones entre los gemelos del Popol-Vuh y los Ibeyi, entre La araucana y El cantar de Roldán; o a desmenuzar, hasta la saciedad, Grandeza mexicana de Bernardo de Balbuena para verificar su filiación barroca. Cada vez que una mano se levantaba en el aula, tragaba en seco y me preparaba para el sutil combate que tendría lugar. Terminé el semestre agotadísima, luego de abandonar la lectura de la poesía completa de José Joaquín de Olmedo cuando tropecé con un poema dedicado a una conversación familiar entre él y, nada más y nada menos que su almohadilla. Dediqué entonces mis últimas fuerzas a estudiar la estructura de La Batalla de Junín a la luz de las críticas epistolares de Bolívar a su autor. Leer más …

¿PARA QUÉ SE ESCRIBE UNA NOVELA?/ LEONARDO PADURA FUENTES

 

I.LA RAZÓN DE SER DE LA NOVELA
¿Qué es una novela?… Hecha en pleno siglo XXI, cuando la novela moderna está cumpliendo sus cuatro siglos de existencia y luego de que algunos se atrevieron a anunciar y hasta celebrar su muerte como forma literaria, esta podría ser una pregunta absurda, de las llamadas de Perogrullo. Porque todo el mundo sabe qué cosa es una novela . Es más, muchas personas en el mundo han leído seguramente alguna. Y, si quisiéramos saberlo sin demasiadas complicaciones, siempre podemos acudir al diccionario de la Academia, que nos resuelve el problema de manera expedita asegurando que una novela es una ficción o mentira en cualquier materia. Leer más …

Palabras para Reinaldo Montero

 

Estas palabras son un elogio. Son más cortas de lo que debieran ser. Quien las escribe, que tiene fama de remiso al elogio, no quisiera serlo esta vez, en este caso: personalmente estima a Reinaldo Montero, ha leído su obra, que ya empieza a ser extensa y diversa, y espera que siga su brillante expansión multiforme. Pero algo sorprendente le ha sucedido a su lector.
En el Pabellón Borges le acaban de diagnosticar, es decir, le acaban de nombrar, lo que le gusta mucho hacer con los sucesos de la vida, a él y a Reinaldo Montero, escritores al fin de cuentas, los síntomas que padecen sus ojos, la causa de sus alucinaciones visuales, no mentales, con el ya clásico calificativo de “síndrome de Charles Bonnet”. Calificativo casi ignorado por la ciencia en nuestro país. Algo que le ocurre a los ojos de los ancianos, y que los obliga, a ellos, apasionados por ver el final de las cosas, a trabajar mucho menos, y a dedicar su tiempo a prepararse para una futura intervención, quizá salvadora. Leer más …

Discurso de ingreso Reinaldo Montero

ABELARDO ESTORINO Y LA CONDICIÓN SUFICIENTE
No tengo a mano la prueba del tiempo, pero los personajes de Abelardo Estorino y las situaciones que los convocan pervivirán.
Acabo de releer toda su obra, y sigo sin notar el desvanecimiento, la inclemente erosión que toca a todo. Y creo que la persistente lozanía se debe a que no hay calcos realistas ni éxtasis abstractos. Dicho de modo más preciso, personajes y situaciones cumplen con una doble condición. 1) Evitan el teatro-noticia de periódico, que al nacer es viejo. Y 2) Evitan el guiñol-metafísico que nace muerto. En el cumplimiento irrestricto de estos principios, en el moderado radicalismo que suponen, reside, a mi ver, el triunfo del arte de Estorino y, en consecuencia, su permanencia.
Sé que apunto a la condición necesaria. Me faltaría demostrar la condición suficiente, que es la parte ardua del asunto.
Pero antes, una aclaración. No acecharé definiciones definitivas, de esas que pretenden ser firmes como firme es este Palacio del Segundo Cabo. En la nueva visita que he hecho a Estorino por culpa de la circunstancia en que me hallo, todo es, por suerte, provisorio. Y no puede ser de otro modo si soy consecuente con mi apuesta a propósito del tiempo. Leer más …

Llegada de Cira Romero a la Academia Cubana

 

 

Es un acierto notable la entrada de la investigadora literaria Cira Romero a la Academia Cubana de la Lengua, sorprende que no estuviera desde mucho tiempo antes en una de nuestras sillas. No se requieren aptitudes de adivinación para vaticinar que su presencia redundará un beneficio ante el cúmulo de tareas que solemos afrontar. Su currículo dispone de un respaldo inmediato en las estanterías de nuestras bibliotecas y librerías, beneficio para nuestra literatura colocado en las manos de los lectores. Ha trabajado con dedicación y ahínco sobre textos coloniales, republicanos y de la inmediatez. Antes de su llegada ya la contábamos como colaboradora en labores de gran empeño y necesidad, ediciones críticas y trazados periódicos imprescindibles.
De ese amplio abanico de obras y de autores trabajados por nuestra colega, se decidió por su estudio al narrador Lino Novás Calvo, con el cual entra en la Academia Cubana de la Lengua. Ningún otro autor requeriría mayor complejidad de observación, y para hacerla entre nosotros ningún analista más autorizado que ella. Su amplitud de intereses ha dado lecciones. Sin abandonar otros, ha profundizado en la narrativa del autor de Pedro Blanco, el negrero, en su desempeño como corresponsal de guerra en la República Española, y en la jefatura de información de la mítica revista Bohemia, a cuanto añadió traducciones que constituyeron benéficos regalos a nuestra cultura. Los textos de Novás Calvo recorrieron las más significativas publicaciones cubanas en la primera mitad del siglo xx, sin convertirlas en fijación a grupos y tendencias alejadas del aperturismo requerido por una cultura como la nuestra. Parece que en un conjunto desamorado alcanzó a ser la mano estrechada en tiempos de tormenta y una ilimitada voluntad de comunicación. Leer más …

Discurso de entrada de Cira Romero

 

ACADÉMICOS QUE ME RECIBEN COMO MIEMBRO DE NÚMERO DE ESTA PRESTIGIOSA INSTITUCIÓN, COLEGAS, AMIGOS Y FAMILIARES QUE ME ACOMPAÑAN EN ESTE ACTO:

I

Desde que nací me educaron bajo el precepto de que «lo peor que se puede ser en el mundo es desagradecida». Guiada por ese principio me siento obligada a evocar, en este momento especial de mi vida, a tres personas, ya desaparecidas, que significaron mucho en mi vida personal y profesional: Manuel Cofiño, que, desde mi Santa Clara natal y de la mano del amor, me trajo a La Habana y me ayudó a instalarme en el mundo intelectual cubano desde finales de la década del 60; Julián Barrio, quien también desde el amor, pero sin tener que ver nada con mi profesión, siempre respetó mi trabajo y me creó condiciones materiales para ejercerlo. La tercera persona es José Antonio Portuondo, a cuyo despachó llegué con apenas veinticuatro años y con solo un título de recién graduada de Letras de la Universidad Central de Las Villas — o sea, era una perfecta desconocida—, y, sin dudarlo, me abrió las puertas del Instituto de Literatura y Lingüística, donde trabajé durante cuarenta y ocho años, y al cual seguiré vinculada mientras las facultades me asistan. A ellos dedico mis palabras, pero también deseo reconocer lo que en mi vida como investigadora de la literatura cubana ha significado, y significa, el Instituto Cubano del Libro, que ahora me acoge como una trabajadora más, aunque siempre lo he sido desde el lejano 1970. Sus directivos nunca han dado una negativa a mis propuestas y gustosos oyen mis demandas a veces impertinentes, atendidas en la medida de sus posibilidades. Si mi bibliografía creció, a ese organismo y a varias de sus editoriales se lo debo. Asimismo, declaro mi complacencia por acceder al sillón A de esta Academia, ocupado, hasta su fallecimiento, por el Dr. Delio Carreras, tan villareño como yo, él de Camajuaní, hombre de personalidad singular y de vastos conocimientos culturales, políglota, que centró en la Universidad de La Habana, de la cual fue Profesor Emérito, sus mejores esfuerzos profesionales, encaminados a la formación de generaciones de estudiantes. De él dijo el Dr. Eusebio Leal que «conocía el secreto de las palabras», a través de las cuales ejerció una poderosa fuerza entre alumnos y profesores. Leer más …

El personaje femenino en el romanticismo latinoamericano:

De ángel del hogar a bruja transgresora.

[El romanticismo y el amor romántico] es una herramienta cultural que el poder masculino usa para mantener a las mujeres en su posición de subordinación. [1]

                                               Juliet Mitchell

 Si, como bien se ha dicho, el clásico personaje de Werther no se repitió en la literatura del romanticismo latinoamericano, sin embargo, su llorosa contraparte, la sufrida, la malograda Lotte, tuvo sus gemelas, hermanas en soportar el paradigma de la protagonista femenina, en las tierras americanas. Esto nos puede llevar a muchas disquisiciones, la más obvia es la pujanza y la habilidad en la instauración de ese ideal de “lo eterno femenino”, prototípico —y más aún, estereotipo acuñado— que, con sus ligeros cambios de maquillaje, perdura hasta el día de hoy.

 De esta manera, hasta el término “femenino” resulta, por lo menos, ambiguo, y, sin dudas, polémico e inexacto. Y antes de continuar, no quiero dejar de recordar que la perspectiva de género es una construcción de diferenciación social y uno de los válidos instrumentos de análisis en la revisión de la literatura escrita por hombres y por mujeres. Leer más …

Discurso de recibimiento de Mirta Yáñez Quiñoa como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua

Viajando a horcajadas sobre una escoba volandera —alas de murciélago, ojos de sapo,colita de alacránal cuello—parece haber realizado Mirta Yáñez este recorrido por la novela romántica hispanoamericana, dispuesta a desenredar la trama urdida por las babas de diablo ya rescatar los hilos de la virgen, zurcidos, ya que no bordados, en lo más profundo del siglo XIX. Se trata de un momento de la historia literaria del subcontinente sobre el cual la autora tiene particular dominio, como lo atestiguan varios de sus libros: laRecopilación de textos sobre la novela romántica publicada en 1978, La narrativa romántica en Latinoamérica(1990), su tesis de doctorado defendida en la Universidad de La Habana en 1992 bajo la tutoría de Roberto Fernández Retamar Leer más …

Maritza Carrillo/ A propósito de la historia de las ideas gramaticales y su enseñanza en Cuba.

INTRODUCCIÓN

Para comenzar nuestra exposición quisiéramos hacer referencia a un pasaje de la novela Al cielo sometidos de Reynaldo González. Cuando Nebrija se presenta ante Isabel de Castilla con los folios en que quedaban establecidas las reglas para nuestra habla y escritura, la reina le formula esta pregunta al insigne gramático: «¿En qué pueden servir tales reglas?». Esa es precisamente la interrogante sobre la que ha girado el debate en torno a la utilidad de la gramática a través de la historia.

Las primeras referencias a la gramática en Cuba se remontan a 1797: tres siglos después de Nebrija y un poco antes del bautismo de la lingüística como ciencia con la aplicación del método histórico-comparativo. Desde esa fecha en que aparecen las primeras referencias al tema, la disciplina ha recorrido un largo camino y se ha ido nutriendo en su andar con los aportes de la ciencia del lenguaje. Actualmente la gramática ostenta apellidos diversos, en dependencia de la doctrina que sirva de base a las explicaciones, de los objetivos y del público a que vaya destinada. Hoy en día las gramáticas incorporan los resultados de las investigaciones dialectológicas y de corte sociolingüístico que se están realizando. Desde posiciones funcionalistas, generativas o cognitivistas asistimos al planteamiento de un conjunto de hipótesis dirigidas a intentar corregir el desajuste entre teorías lingüísticas y gramáticas pedagógicas, acortar la distancia entre los enfoques sincrónico y diacrónico y determinar el papel de la gramática en la enseñanza del español como lengua materna (L1) o como lengua extranjera (L2). El desafío para la disciplina sigue siendo qué, cómo, cuándo, por qué y para qué estudiar gramática.

Leer más …

Anton Arrufat / Las virtudes del habla

 En el mes de agosto, que ya se avecina, la cifra de mis años se elevará a setenta y tres. Dada mi afición por los juegos pitagóricos y el simbolismo entre los números, he notado que la cifra termina en tres, la célebre tríada, y que tres son también los pocos discursos que he pronunciado, tras una larga vida dedicada a escribir, o como antiguamente se decía, consagrada a las letras.

   De esos tres Discursos, el primero lo pronuncié, también una tarde y hace varios años, durante la ceremonia en la que se me entregó el Premio Nacional de Literatura, y el segundo en la celebración de la Feria Internacional del Libro de La Habana, hace solamente unos meses. Ambos ocurrieron en la antigua fortaleza de La Cabaña. Y este que ahora digo, al ingresar en la Academia, completaría el número tres.

     Mientras redactaba aquellos primeros discursos, fui menos consciente de la futura presencia del público. Esta vez, como he asistido al ingreso de varios académicos y conocía de antemano el lugar en que debía pronunciarlo, durante el tiempo de trabajo que invertí escribiéndolo tenía muy presentes el lugar, la hora, y sobre todo la futura composición imaginaria de mi auditorio.

Leer más …