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Para los académicos de la lengua española ha sido evidente la necesidad de una revisión de la Ortografía de la Lengua Española de 1999, para «enmendar inconsecuencias teóricas o de hecho del tratado ortográfico».

Alfredo Matus Olivier, de la Academia Chilena de la Lengua, presentó en la Sesión Plenaria del 23 de marzo de 2007, en el XIII Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Medellín, 21 a 23 de marzo de 2007), las “Bases para un planteamiento fundado y consensuado sobre la revisión de la Ortografía de 1999”, que se aprobaron por unanimidad, y a partir de las cuales se continuó el trabajo.

Bases para la elaboración de la nueva Ortografía:

    • se mantiene el ideal de la biunivocidad (correspondencia entre grafemas y fonemas), pero no se pierde de vista el cambio lingüístico;

    • tiene un carácter panhispánico;

    • se concibe como un tratado general en el que se expone el conjunto de normas que regulan la correcta escritura del español;

    • indica la existencia de variantes gráficas admisibles en relación con el uso de determinadas letras;

    • para alcanzar su objetivo son fundamentales la claridad y la sencillez;

    • sus destinatarios naturales son todos los adultos interesados en conocer las reglas que regulan la correcta escritura de nuestro idioma;

    • como la ortografía es una convención, debe tener carácter normativo, de modo que no dé lugar a dudas o ambigüedades y, en consecuencia, debe evitar los usos potestativos;

    • el énfasis debe ponerse en las reglas de aplicación general, antes que en las excepciones;

    • tiene carácter divulgativo y de código ortográfico mayor, lo que hace que  se presente como una obra autosuficiente, sin remisiones a otros trabajos lingüisticos;

    • se propone una coherencia teórica y terminológica con el Diccionario panhispánico de dudas y con la Nueva Gramática.

Un adelanto…

A continuación presentamos un fragmento del texto que se elabora:

2. La ortografía
2.1. Un conjunto de normas y una disciplina lingüística

Como todo código de comunicación, la escritura está constituida no solo por el conjunto de signos convencionales establecidos para representar gráficamente el lenguaje, sino por las normas que determinan cuándo y cómo debe utilizarse cada uno de ellos. Este conjunto de normas que regulan la correcta escritura de una lengua constituye lo que llamamos ortografía, palabra de origen griego que etimológicamente significa ‘recta escritura’ (del lat. orthographĭa, y este del gr. ỏρθογραφα, de ỏρθο- ‘recto’ + -γραφα ‘escritura’).

El término ortografía designa asimismo la disciplina lingüística de carácter aplicado que se ocupa de describir y explicar cuáles son los elementos constitutivos de la escritura de una lengua y las convenciones normativas de su uso en cada caso, así como los principios y criterios que guían tanto la fijación de las reglas como sus modificaciones.
        […]
La ortografía comparte su carácter normativo con la ortología (llamada también ortoepía), disciplina hermana encargada de establecer las normas que regulan la pronunciación culta de las unidades lingüísticas. Dado su carácter simétrico, ambas disciplinas se han venido influyendo mutuamente, pero mientras la ortografía ha de mantenerse uniforme en todo el ámbito de la lengua, los cánones de la pronunciación culta pueden variar, y de hecho varían, en ciertos aspectos, de un área geográfica a otra.
        […]
La ortografía, entendida como el conjunto de normas que determinan el valor y correcto uso de los constituyentes del sistema de escritura de una lengua, es asimismo convencional, puesto que no existe una relación forzosa entre esos constituyentes y el valor que tienen asignado. […] Los cambios ortográficos que han experimentado las lenguas a lo largo de su historia han sido posibles gracias precisamente al carácter convencional, no necesario, del vínculo que une los signos gráficos y su valor representativo.
[…] Todos los sistemas ortográficos cuentan con un subsistema de reglas que determina el valor de las letras o grafemas en la representación gráfica de las unidades léxicas, al ser los grafemas los constituyentes primarios, y durante mucho tiempo únicos, de todos los sistemas de escritura. La ortografía de la mayoría de las lenguas incorpora, adicionalmente, varios subsistemas más, que dan cuenta del valor y uso del resto de sus elementos gráficos: el subsistema de los diacríticos, signos gráficos de muy variada forma y función según las lenguas (por ejemplo, la tilde, que en español marca la posición del acento prosódico dentro de la palabra, en húngaro señala las vocales largas y en francés aporta información sobre su timbre); el subsistema de los signos de puntuación; el que regula el uso distintivo de las letras mayúsculas y minúsculas en aquellas lenguas cuyos grafemas cuentan con ambas formas; el que regula la formación y uso de los distintos tipos de abreviaciones, etc.
[…]
La ortografía, en cuanto conjunto o corpus de convenciones que fijan las pautas de la correcta escritura de una lengua, tiene un carácter esencialmente normativo. Se concreta en reglas que deben ser respetadas por todos los hablantes que deseen escribir con corrección y su incumplimiento da lugar a lo que tradicionalmente se conoce como «faltas de ortografía».

 

Un poco de historia…

En el caso de Cuba, como antecedente singular, merece estudio y mención el proyecto de reforma ortográfica propuesto por Adolfo Tortoló, académico de la ACuL, en 1957, y que había sido motivado por la necesidad de simplificación ortográfica expuesta en el segundo Congreso de la Asociación de Academias, celebrado en Madrid en 1956.
He aquí un resumen de sus interesantes argumentos:
[…]Y el siglo dieciocho sí es un siglo de decadencia del espíritu nacional, de imitación de lo extranjero, de entusiasmos tan exagerados y superficiales por todo lo que sonara a clasicismo […]
No hubiera podido ser de otro modo: la falta de autenticidad de la época torció el criterio de aquellos meritísimos académicos que nos legaron ese monumento lexicológico que es el Diccionario de Autoridades; dejándose llevar por la corriente seudoclasicista, cayeron, naturalmente, en la ortografía etimológica, y, en el ímprobo empeño de representar la pronunciación española sin desfigurar la ortografía latina, plagaron nuestro sistema ortográfico de dualidades innecesarias –algunas de las cuales han llegado hasta nuestros días, para desesperación de profesores y alumnos.
Ese es el origen de las dualidades gráficas que hacen a los alumnos incurrir en errores. […] Se escribe así, solamente porque aún subsisten en nuestra ortografía errores de una época en que, venido a menos el espíritu nacional, se creía que, antes que cultivar y exaltar lo propio, era preferible imitar lo ajeno.
La reforma ortográfica no es, pues, un disparate. Doctrinalmente, no se le ha opuesto jamás un argumento serio. En lo gramatical, sería un gran paso hacia la perfección. En lo didáctico, es una necesidad que cada día se va haciendo más apremiante. Con una visión de futuro, de amplitud internacional, nada sería más eficaz que la sencilla perfección de la ortografía fonética para coadyuvar a la difusión de la Lengua Española en las naciones extranjeras.¨ (Tortoló: 1957:41)

 

Para un enlace desde Tortoló:

Tortoló no desconoce que la reforma requeriría, para ser viable, un esfuerzo institucional de concertación previa y creación de condiciones. Por ello debería ser: concebida de modo integral, promovida institucionalmente y aplicada gradualmente. La concepción general debía partir de un objetivo de simplificación, sobre la base de la pronunciación y siguiendo cierto orden previsto.
El proyecto de reforma que promovía Adolfo Tortoló constaba de cuatro etapas fundamentales, teniendo en cuenta la dificultad y extensión del fenómeno entre los hablantes del español. No descartaba, en algunos casos, el promover nuevos modos de pronunciación.
La primera etapa de esta reforma, por ejemplo, incluía dos cambios:
•          Empleo de la < j> para representar  el fonema /x/ (o /h/). Este cambio implicaba la sustitución de la <g> en aquellos casos en que se realizaba como /x/ (o /h/). Ejemplos: general – jeneral; agente – ajente; gitano– jitano.
•          Empleo de la <z>, para representar el fonema /θ/, ante todas las vocales. Ejemplos: alcanzar, alcancé – alcanzar, alcanzé.
La segunda etapa de la reforma, por su parte, implicaba dos eliminaciones:
•          La eliminación de la grafía <v> y su sustitución por la <b>  en todos los casos. Este cambio representaba, además, que el grupo consonántico <nv > fuera sustituido por el  grupo < mb>.  Ejemplo: envidia-embidia.
•          Eliminación de la <h>  en todos los casos con excepción de los diptongos <hie>,
< hue>.
Puede advertirse, con lo mostrado hasta aquí, la moderación e inteligencia con que Tortoló presenta su reforma, elaborada en el espíritu de Andrés Bello.

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